AVISO a nuestros seguidores y visitantes

Acabamos de estrenar nueva Web con mejoras de presentación y accesibilidad. A partir de ahora nuestro Blog se publicará en un nueva plataforma y será accesible desde la Web junto con muchas más cosas: "LINDOS", la nueva sección con lugares muy especiales que hemos visitado, acceso a los tracks para GPS de nuestros recorridos, una galería de imágenes, etc.
Esperamos que os guste, disculpéis las molestias y que sigáis siguiendo nuestra aventura.
El enlace para acceder a la WEB es :
www.erg-adventure.com






























































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domingo, 23 de febrero de 2014

17.- Desde Uyuni a Potosí, Cochabamba y las misiones jesuitas de los alrededores de Santa Cruz: primer contacto con la selva.

Una vez terminada la vista del salar y sus alrededores, emprendimos viaje hacia Potosí. Esta ciudad albergó en un tiempo las minas de plata de más riqueza del mundo ( de ahí el dicho "vale un Potosí"). Hoy, el centro minero se mantiene abierto por razones políticas exclusivamente, pero el centro colonial de la ciudad es muy bonito y está bastante bien conservado.
Fue en Potosí, donde encontramos un taller de reparación de poliéster, propiedad de un muchacho que, por una módica cantidad de dinero y en poco más de una mañana realizó un pulcro trabajo para restañar las últimas heridas que la célula tenía como consecuencia del vuelco, dejando así prácticamente terminado todo el trabajo de reparación.
Tras pasar un día en una especie de camping al borde de una laguna de agua a 36 grados en la que nos pudimos bañar y que se llama El Ojo del Inca, un desplazamiento corto nos llevá hasta Oruro. En esta ciudad paramos lo justo para realizar algunas compras, ya que su aspecto y su suciedad no invitaba a quedar más tiempo en ella. Fue allí donde nos despedimos de René y Karen que debían regresar a Chile y emprendimos, ya solos Pilar y yo, el camino hacia Cochabamba a donde llegamos en poco más de tres horas. Dejamos el vehículo  en un parking de camiones que era una laguna (todas las tardes llueve al ser la época de las lluvias) y al día siguiente realizamos la visita de la ciudad. En un agradable paseo, pudimos recorrer los principales puntos de interés del centro, visitando sus iglesias y catedral.
Nuestro siguiente destino era Santa Cruz de la Sierra que está situada ya en la zona tropical. La carretera fue un infierno. Estuvimos parados más de dos horas a causa de una avalancha que cubrió cincuenta metros de carretera. Carretera, por llamarle algo ya que a cortos tramos de mal asfalto, seguían tramos totalmente descarnados, llenos de piedras, agujeros, etc. Así casi trescientos kilómetros hasta llegar a un bonito pueblo de aspecto totalmente tropical que se llama Villa Tunari en donde pernoctamos acompañados por los sonidos de aves de la selva.
Al día siguiente recorrimos el trecho hasta Monteros en donde decidimos acercarnos directamente a San Javier para comenzar el llamado circuito de las Misiones Jesuíticas. Craso error: la carretera que figura en los mapas debe cruzar un río en barcazas y éstas no funcionaban a causa de la crecida del agua. Tuvimos que variar los planes y retornar hasta el cruce para entrar en Santa Cruz en donde a través de un chico que se nos había acercado en Cochabamba supimos de su amigo Sergio que es el jefe de la agencia Avis de Santa Cruz, ambos aficionados al 4x4 y que parecía que nos podía ofrecer un sitio seguro para dejar nuestro camión y pasar las noches que proyectábamos en la ciudad. Tras encontrar la agencia, la persona que estaba allí en ese momento (era sábado) contactó por teléfono con Sergio y todo quedó resuelto en minutos: teníamos a nuestra disposición una pradera con sombra y agua y guarda permanente a diez minutos en taxi del centro de la ciudad. Desde estas líneas queremos agradecer la acogida de Sergio y todos los demás que se volcaron para que nuestra estancia (estadía en términos sudamericanos) fuera agradable.
Nada más instalarnos tuvimos cacería. Pilar encontró en su reposapiés interior un ratón recién nacido y una investigación más a fondo me lleva a abrir la tapa del sistema eléctrico y fusibles situada sobre los pies del copiloto. Nada más empezar empiezan a caer hasta nueve ratones recién nacidos, por lo que la madre debería de estar allí. Y así era. Al sacar la tapa totalmente apareció una señora rata que allí había instalado su nido. Por suerte no había mordido nada y el incidente acabó allí, salvo por lo difícil de explicar que el animal hubiera llegado allí. Concluimos que durante la reparación del poliéster con la cabina levantada se coló ya que el ambiente en el que se hizo era cuando menos propicio.
Solventado el problema salimos a conocer Santa Cruz que, si bien no tiene nada específico a reseñar es una agradable y limpia ciudad con su zona centro muy bien conservada. Todas las calles tienen sus edificios bajos, una o dos plantas y soportales, lo que le da un agradable aspecto.

De nuevo en marcha, rodamos por otro camino hasta San Javier, sede de la misión de los jesuitas más antigua y la única que llegaríamos a ver, ya que la lluvia había cortado las carreteras y pistas y no era posible pasar. San Javier nos causó una muy buena impresión. Está muy limpio y organizado y el edificio de la misión es realmente extraordinario, tanto por su estética como por su perfecta conservación.




Vistas de Potosí



Imágenes del camino




                     Cochabamba



                                                            

                                Santa Cruz de la Sierra

                                               Vendedor ambulante de café en Santa Cruz





                   
 Vistas de la Misión Jesuítica de San Javier


Una calle de San Javier. Todo el pueblo conserva el mismo estilo.




 De nuevo la tormenta se aproxima.

Una multitud de mariposas está siempre presente.

viernes, 14 de febrero de 2014

16.- De San Pedro de Atacama al Salar de Uyuni, ya en Bolivia


Tras la detenida visita a S. Pedro de Atacama y sus alrededores, retomamos el camino con objetivo puesto en Uyuni (Bolivia) a fin de visitar el famosos salar, el mayor del mundo con sus 12.000 Km2, es decir, podría ser un cuadrado de casi 121 km de lado.
El camino comienza por una buena carretera asfaltada que partiendo de S. Pedro se dirige al paso Jama frontera con Argentina. Tras unos 80 km de pendientes inverosímiles y a 4.500 metros de altura hay que tomar una pista a la izquierda que en cinco kilómetros pasa la frontera con Bolivia. Desde allí restan más de 400 de pista extraordinariamente mala hasta llegar a Uyuni. El estado de la pista se ve acompañado por la dificultad de rodar permanentemente por encima de los 4.700 m de altura, con un máximo de 5.030 situado en la mina Apacheta en cuyas oficinas se les ha ocurrido a las autoridades situar el control de aduana. Supongo que el oficial encargado debe tener muy buen oído, porque cuando nos hizo  las preguntas de rigor no conseguíamos articular palabra debido al esfuerzo de bajar del camión y entrar en la oficina.  El camión con la luz del Control Electrónico de Inyección encendida y carburando fatal  y todos los equipos afectados de una u otra forma fue el precio que hubo que pagar. Hay que sumar además las bajas temperaturas del amanecer que llegaron hasta los 7 grados bajo cero.
No obstante todos estos inconvenientes, la travesía es magnífica y merece sin duda el esfuerzo. Se bordean varias lagunas con nombres como Verde, Blanca, Colorada y Hedionda, todas ellas haciendo realmente honor a su nombre y con enormes colonias de flamencos, un amedrentador campo de géiseres situado a 4.900 m, una sorprendente zona de formaciones rocosas tras las que el guarda nos permitió pernoctar para abrigarnos del viento helado que soplaba y navegación, mucha navegación que hizo las delicias de los que disfrutamos con ese fantástico aparatito al que no le afecta ni la altura ni el frío.
Cuatro días fueron suficientes para terminar el recorrido, aunque el tercero fue necesario rodar una hora durante la noche a fin de dormir a una cota más baja ya que empezábamos a estar todos afectado de una u otra forma.
Una vez en Uyuni, supimos que por ser la época de lluvias el salar estaba inundado y con sus recorridos algo restringidos y, a fin de evitar a los vehículos el deterioro que supondría hacerlos rodar por una superficie de sal con varios centímetros de agua, decidimos contratar un tour en un 4x4 que nos llevó a través del mismo. Es espectacular. Autobuses, camiones y coches parecen suspendidos en el aire. Las visiones de los reflejos en la superficie son extraordinariamente sorprendentes y los paisajes extraordinarios.

Comprobamos así mismo que Bolivia se había volcado con el Dakar que éste año hizo su primera incursión por el país. Hasta han plantado una inmensa estatua de sal del tuareg que constituye el famoso logo de la prueba dentro del salar.

Añadiendo la bandera de Bolivia al entrar en el país.






Lagunas de todos los colores, formaciones rocosas y flamencos por todas partes en el P. N. Eduardo Avaroa. Magnífica entrada a Bolivia desde Chile.



Villa Alota. El primer pueblo de Bolivia que encontramos, de noche, sin luz y en medio de una espectacular tormenta.




                                       

Imágenes del Salar de Uyuni. Todo parece un poco irreal allí. El enorme logo del Dakar está tallado con sal.




miércoles, 29 de enero de 2014

15.- Salida de Copiapó, ya con muchas cosas del camión en orden, hasta San Pedro de Atacama.


Cuatro días en Copiapó en un terreno particular que nos habían aconsejado los colegas del campamento del Dakar nos sirvieron para poner en orden de marcha las cosas más importantes de nuestra casa. De esta forma tomamos rumbo a Antofagasta a donde llegaríamos al día siguiente. Una rápida visita de esta ciudad y de nuevo rumbo a San Pedro de Atacama en donde nos instalamos como cuartel general para varios días haciendo recorridos de un día para visitar los diversos sitios de sus alrededores: geiseres del Tatio, Valle de la Luna, las lagunas altiplánicas con vistas a los majestuosos volcanes, muchos de ellos activos y el propio pueblo que, aunque muy preparado para el turismo, está realmente encantador.
Casi todas las visitas se encuentran a alturas superiores a los 4.000 metros, lo que proporciona algunos problemas tanto físicos, como técnicos, aunque, poco a poco, vamos adaptándonos.
En el momento de escribir esto, nuestra casa está recuperada en la medida de lo posible, pero esta situación nos permite un confort prácticamente igual al que teníamos antes del vuelco, por lo que nuestro viaje continúa sin deficiencias dignas de mención.
Mecánicamente no hay novedad y por lo tanto mañana iniciamos la aventura más trialera desde que hemos empezado: nuestro destino es el Salar de Uyuni en Bolivia.

Pueblecitos pesqueros de la costa de Atacama.                  Portada Juan Lopez, Un símbolo de Antofagasta



San Pedro de Atacama.


Campo de géiseres del Tatio a 4.300 metros de altura.


El valle de la luna, cerca de San Pedro de Atacama.




Volcanes activos de más de 5.000 metros y la laguna Miscanti a 4.200.


Como podéis ver todos estamos bien. Con el permiso del volcán del fondo.

viernes, 24 de enero de 2014

14.- Desde Fiambalá hasta Copiapó.El paso de San Francisco. La etapa del Dakar 2014 que no pudimos ver


Desde Fiambalá afrontamos la subida del Paso de San Francisco a 4.748 metros con el añadido de tener que permanecer durante casi 4 horas por encima de los 4.500. Precioso recorrido rodeado de volcanes, algunos activos y bordeando de lagos con un color irreal.
Y por fin llegamos a Copiapó en donde utilizamos el resto del día en compras y pequeñas reparaciones para, ya entrada la noche ir a dormir al lado del denominado camino Japonés que es una pista entre dunas impresionantes que partiendo de Copiapó llega a Caldera en la costa y cuyo recorrido corta en varios puntos la trayectoria del Rallye. Por la mañana nos divertimos en una enorme duna que intentamos subir sin conseguirlo por poco y  nos acercamos a Caldera, un pequeño puerto pesquero para comer.
A unos cinco kilómetros está Bahía Inglesa que es una playa situada en una bahía con un pueblo de vacaciones y allí pasamos la noche.
Nuevo paso de aprovisionamiento por Copiapó y por la tarde búsqueda del campamento que una cuadrilla de amigos de René había montado a la espera del paso de la carrera. Fue muy agradable pasar la noche en su compañía. Prepararon (cómo no) asado, al que fuimos invitados y me gustaría mencionar la simpatía de todos ellos y la acogida que nos dispensaron.
En la mañana siguiente teníamos que realizar un corto desplazamiento por las dunas para aproximarnos a la trazada de la carrera y fue en ese trayecto en donde todo cambió para nosotros. En un paso estrecho entre dos dunas el terreno cedió bajo las ruedas del costado derecho del camión y volcamos.
Fue una caída lenta y únicamente de un cuarto de vuelta, pero el sitio en el que quedó era extremadamente complicado para el acceso de cualquier vehículo de rescate.
La buena noticia: Ni Pilar ni yo sufrimos daños dignos de mención.
La mala noticia: el camión estuvo en esa postura hasta las tres de la madrugada cuando una excavadora de orugas consiguió hacer un plano en la arena y ponerlo derecho.
El panorama en el interior era desolador. Todo se había revuelto, las baterías habían tirado ácido y el desastre nos hizo pensar que nuestra aventura se había acabado allí.
Sin embargo, algunos días después cuando escribimos esto, podemos decir que el camión no sufrió daño mecánico alguno y que los desperfectos de la caja están corregidos los más importantes y en vías de solución los menores, por lo que hemos decidido continuar aunque seguramente adelantaremos la fecha del primer retorno a casa.
No será, sin embargo, inmediatamente ya que hemos pensado, que de volver ahora, lo haríamos con un mal regusto y hemos decidido continuar el viaje según lo previsto por Atacama y Bolivia a fin de que el retorno se haga con los buenos recuerdos de estas visitas. Esa es nuestra decisión tras haberlo hablado y meditado juntos durante bastantes horas, sopesando  pros y contras.
¡Quédese en anécdota el incidente a la vista de que sus consecuencias no fueron tan desastrosas como parecieron en un primer momento!
Hay que seguir y lo vamos a hacer. Las horas amargas van quedando atrás poco a poco.
Quiero insistir: Nosotros estamos físicamente tan bien o tan mal como antes de volcar y aunque el recuerdo de la pesadilla está aún presente queremos seguir nuestra aventura.

Dos cosas dignas de mención: el apoyo y ayuda de nuestros amigos Jean Yves, Annie, René y Karen así como de todos los que habíamos conocido en el campamento que se volcaron en nuestra ayuda y la entereza y espíritu aventurero de Pilar sin cuyo apoyo las cosas hubieran sido mucho más difíciles.

 

    
   
 Algunas imágenes del Paso de San Francisco


Por las dunas de Copiapó antes del desastre.

Un pelícano arponeando peces.