AVISO a nuestros seguidores y visitantes

Acabamos de estrenar nueva Web con mejoras de presentación y accesibilidad. A partir de ahora nuestro Blog se publicará en un nueva plataforma y será accesible desde la Web junto con muchas más cosas: "LINDOS", la nueva sección con lugares muy especiales que hemos visitado, acceso a los tracks para GPS de nuestros recorridos, una galería de imágenes, etc.
Esperamos que os guste, disculpéis las molestias y que sigáis siguiendo nuestra aventura.
El enlace para acceder a la WEB es :
www.erg-adventure.com






























































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jueves, 1 de noviembre de 2018

El Salar de Uyuni


Estábamos ya un poco cansados de visitas a ciudades y con gana de días “más salvajes” y por eso nos hacía una gran ilusión la incursión al Salar de Uyuni.
120 kilómetros de recorrido desde Colchani en el sureste del salar hasta Llica en la esquina noroeste.
120 kilómetros de paisajes de una belleza insólita que por momentos nos daba la impresión de rodar sobre nieve, con la sensación de soledad y pequeñez que tantas veces hemos experimentado en el desierto de Mauritania pero sobre una superficie lisa, perfectamente horizontal y dura y con la misma necesidad de aplicarse a navegar utilizando el Gps. En pocas palabras un placer indescriptible para los que gustamos de este tipo de aventura.
Una noche de luna acampados cerca de la isla Incahuasi, una roca en el medio del salar con cactus enormes a la que se puede subir para tener una preciosa panorámica y dos comidas en medio del desierto blanco, sin nadie alrededor en lo que abarcaba la vista hicieron que las dos jornadas sean inolvidables.
Después, un nuevo problema de desinformación por parte de las autoridades bolivianas, nos obliga a dar la vuelta en la frontera que pretendíamos atravesar para entrar en Chile al no ser una frontera con permiso para el paso de vehículos lo cual nos lleva, tras mucho pensar y preguntar a atravesar el otro salar, el de Coipasa (unos 80 Km más indeterminados por la falta de información), a fin de evitar un rodeo de casi 500 kilómetros.
En ambos casos la pericia de Magy en la navegación, nos lleva a hacer ambas travesías sin errores, encontrando en ambos casos las rutas de acceso y salida del los salares a la primera, teniendo en cuenta que son los momentos más comprometidos al tener bastantes posibilidades de que se rompa la corteza de sal y el vehículo se embarranque en el barro que hay debajo.
Dejamos que las imágenes hablen por sí solas.

 Uyuni y al fondo el salar.


 Monumento al Dakar

¿Será casualidad? Las banderas de Ecuador y España estaban juntas


La isla Incahuasi








Comedor con vistas increíbles




jueves, 25 de octubre de 2018

Potosí



Tras el susto nos, merecíamos una llegada tranquila a Potosí, ciudad de extrema complejidad sobre todo para transitar por ella con un camión, pero, de nuevo con la información de la fuente habitual, sin ninguna dificultad aparte de 50 metros a contramano (no representa un problema en Bolivia), llegamos a un parking situado a dos manzanas de la plaza 10 de Noviembre que es el centro de Potosí y allí nos instalamos. Resultó un sitio más tranquilo de lo que se podía esperar dada su situación en el que pasamos tres días y tres noches que nos permitieron recorrer todos los puntos interesantes de la muy bonita ciudad que tuvo su origen en el descubrimiento de los riquísimos yacimientos de plata de los cerros que la rodean.
Perece que, habiendo descubierto el nativo Diego de Huallpa las vetas del metal y habiendo comenzado su extracción, se produjo una explosión probablemente de origen volcánico que motivo que al paso del inca Huayna Capac, éste interpretara la explosión como una advertencia de la Pacha Mama o Madre Tierra decidiendo la no explotación de sus entrañas.
El vocablo inca que expresa una explosión es Potojsi de donde derivó el nombre actual debido a la mala pronunciación por  los españoles de los vocablos incas.
Desde 1.545 hasta 1.825 se extrajeron 35.578 toneladas de plata.
Al estar situada a 3.900 metros de altitud y presentar un relieve muy quebrado, los desplazamientos a pie fueros algo más lentos de lo habitual.
Especial mención al museo de la Casa de la Moneda, en donde en una visita muy bien explicada, pudimos ver colecciones de monedas acuñadas con la plata extraída del Cerro Rico que corona la ciudad y que fue el yacimiento de plata más rico del mundo, además de toda la historia de los útiles y máquinas utilizadas para la acuñación, destacando una laminadora movida con caballerías con cuatro puestos de laminado que rebajaban el espesor de los lingotes de plata hasta los 2 mm que tenían las monedas y que fue traída desmontada en un barco hasta Buenos Aires y desde allí en carretas de bueyes ¡hasta Potosí!
Una  visita al monasterio de Santa Teresa con claras reminiscencias españolas, una buena comida con platos típicos potosinos (Chajchu, Charquecan y refresco de Mocochinche) y horas de vagabundear por la ciudad completaron una agradable.





Este mascarón, fotografiado en dos mitades, está en el primer patio de la Casa de la Moneda. Podría ser el rostro del descubridor de plata en el Cerro Rico, Diego de Huallpa. Está retratado en dos mitades para ilustrar la que parece ser la intención del escultor que no era sino expresar con una mitad de apariencia alegre y otra de apariencia más triste la realidad social durante la colonia: la buena vida de la población española dirigente y las duras condiciones de la población indígena.

Plaza 10 de Noviembre y la catedral en ella.



    Iglesia de San Lorenzo



Patio de la Casa de la Moneda.




Torre de la antigua iglesia de los jesuitas y vistas desde su campanario.




 Iglesia de San Francisco.

Vista nocturna de la catedral y la plaza 10 de Noviembre.


Comiendo Salteñas (empanadillas) en un famoso local de la ciudad de dimensiones mínimas.









domingo, 21 de octubre de 2018

Cuatro minutos dramáticos…


Esta es, con toda seguridad, la entrada que más felices enviamos a nuestro blog.
Habíamos llegado la tarde anterior a un bonito lugar citado en IOverlander, tranquilo a la orilla de un hilo de agua y bajo dos enormes y bonitos cerros rocosos a un kilómetro de la carretera entre Sucre y Potosí. Transcurrió sin problemas la noche y amaneció un día soleado aunque pronto cayó un chaparrón que no fue a más.
Vovió el sol y dedicamos un rato a limpiar los filtros del camión y aún tuvimos tiempo de rodar con el dron un vídeo  de la zona en la que estábamos acampados.
Sobre la una de tarde aparecen nubes de tormenta y poco después con importante aparato eléctrico y ensordecedores truenos cae un chaparrón fuerte (nada verdaderamente extremo) que dura aproximadamente una hora.
Vigilábamos el riachuelo y vimos que había crecido algo, pasando de la anchura de un salto a tener como un metro y medio.
En estas condiciones comimos, tomamos café y decidimos hacer honor al día de relax que habíamos decidido pasar durmiendo la siesta. El arroyo seguía en las mismas condiciones.

Estábamos durmiendo cuando un estruendo de agua nos despertó y alarmados vimos que el agua del arroyo ya llegaba al costado del camión que miraba hacia él. En los cuatro minutos que nos costó recoger un poco (Magy) mientras yo ponía en marcha el camión (aire en los calderines, etc.) el nivel del agua había alcanzado y cubierto los grupos diferenciales.


Ver el vídeo de la riada







miércoles, 17 de octubre de 2018

Sucre, cuna de Bolivia



Un desplazamiento relativamente corto en kilómetros pero eterno en horas a causa del estado de la carretera, con tramos recién terminados pero con largos trechos en obras nos sitúa en Sucre.
Nos instalamos en una plazoleta tranquila a cinco minutos a pie del centro colonial, en la que dormimos tres noches visitando la ciudad durante los dos días correspondientes.
Es una bonita ciudad que forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad, con una zona central colonial en buen estado de mantenimiento y limpieza por la que paseamos rumbo a los puntos notables que, dejando aparte una infinidad de museos que no son normalmente un objetivo para nosotros, están representados por algunas iglesias, casonas coloniales muy bonitas, el mirador de la Recoleta con una espléndida vista de la ciudad y la propia plaza 25 de Mayo que es el centro neurálgico del barro colonial.
El crecimiento de la ciudad de los últimos tiempos ha hecho que se extienda de una forma anárquica cubriendo los cerros próximos lo que la convierte en muy complicada para la circulación.
Ya hemos comenzado a vivir en altura, Sucre está a 2.700 m y, para nosotros, supondrá una buena etapa de adatapción antes de llegar a los casi 4.000 m de Potosí.

Pintoresco Mercado Central


La catedral

El mirador de la Recoleta























Artesonado mudéjar de la iglesia de San Francisco







En este campanario hay instalado un café y restaurante muy simpático y con magníficas vistas mientras tomas algo

La cubierta de la iglesia de San Felipe Neri,                                                                                              también con buenas vistas sobre la ciudad




lunes, 15 de octubre de 2018

Samaipata. Visita al sitio arqueológico del Fuerte de Samaipata.



Arrancamos de Santa Cruz en un día lluvioso con el objetivo de llegar a Samaipata visitando antes las ruinas arqueológicas llamadas “El Fuerte de Samaipata” que forman parte del la lista de sitios del Patrimonio de la Humanidad.
Pocos kilómetros después nos desviamos por una pista para visitar un lugar llamado Espejillos en el que se pueden ver algunas cascadas que vierten en varias lagunas y que nos habían recomendado por ser muy bonito. Tras rodar varios kilómetros por la pista y vadear un río de cierto caudal llegamos a un puesto de control en donde nos dijeron que no podíamos continuar al estar el camino intransitable a causa de la lluvia. Primera frustración del plan previsto.
Llegados a las ruinas de Samaipata, tras abonar un carísimo billete (con precio especial de cinco veces el de un nacional boliviano, a ver si les sacan un buen dinero a los bolivianos que visiten el museo del Prado) hicimos la dura subida a pie bajo una pertinaz llovizna, para constatar una vez arriba que a causa de la niebla no era posible apreciar nada de las ruinas, al ser una visita basada en la perspectiva del conjunto. Segunda frustración del plan previsto.
Acordamos con el personal que nos dejara los tiques válidos para el día siguiente y nos quedamos a pasar la noche en un bonito lugar a la entrada del parque.
La mañana siguiente amaneció aun peor en cuanto a meteorología y decidimos posponer la visita un día más yendo a pasar el día y la noche siguiente al propio pueblo de Samaipata que es bonito principalmente por el entorno en el que está ubicado, un circo cerrado de montañas con mucha vegetación.
Por fin amaneció un día espléndido y pudimos realizar la visita y constatar que había merecido la pena la espera.
Se trata de ruinas preincaicas, aprovechadas posteriormente por los incas e incluso por los españoles.
La parte esencial es un inmenso centro ceremonial íntegramente tallado en una roca de 220 por 65 m. Se trata del mayor monumento del mundo tallado sobre roca (o al menos eso dicen allí, aunque creo que se olvidan de Petra por ejemplo)
Hay además restos de construcciones incas y españolas que lo utilizaron como fuerte ante los ataques de los indígenas, de ahí su nombre.
Terminamos la visita y partimos para hacer una breve incursión en el inmenso Parque Nacional Amboró a fin de ver el bosque de helechos arborescentes.
Una impresionante pista en regular estado nos situó en la aldea de Yunga en donde, dada la hora nos instalamos para pernoctar.
A media noche comenzó de nuevo a llover y por la mañana y con mucha pena hubimos de renunciar a completar la visita. Tercera frustración del plan.
En resumen, Bolivia es un país con muchas cosas fantásticas para ver y disfrutar, pero con enormes dificultades para disfrutarlas.
Salimos hacia Sucre. Veremos que nos deparan las siguientes jornadas…

Samaipata visto desde las ruinas de Fuerte.