¡¡¡La aventura continúa!!!

Bienvenidos a nuestro blog en la segunda etapa.









jueves, 24 de diciembre de 2015

La llegada a Ecuador


Una noche en Jaén y arrancamos hacia la frontera. Los frenos del camión comenzaron a dar síntomas de fatiga y llegábamos a la zona fronteriza a primera hora de la tarde. Decidimos quedar a dormir en el último pueblo peruano llamado Namballe. De allí arrancamos al día siguiente a primera hora de la tarde, pasamos la frontera de salida de Perú tras esperar al funcionario impuntual tan típico de estas latitudes y entramos en Ecuador. La aduana ecuatoriana, si bien muy cortés y hasta simpática, se encontró con un gran problema para hacer los papeles del camión. Tuvieron que llamar por teléfono a algún centro más importante. El aparato estaba pegado con cinta adhesiva sobre un archivador porque si lo movían de allí se cortaba la línea. El policía encargado de hacer los trámites se tenía que subir de pie en una silla para hacer las llamadas…  En fin, que se hizo tan tarde que tuvimos que pasar allí la noche. Fue tranquila y como a última hora del día nos entregaron los documentos necesarios para rodar en Ecuador, a primera hora de la mañana y bajo una pertinaz lluvia emprendimos la marcha. Lo que en Perú había sido una sorprendente carretera en perfecto estado, se convirtió en una embarrada pista que, aunque no presentaba mal piso, la estrechez, el nada despreciable tráfico y las pendientes casi inverosímiles la hicieron incómoda sobre todo por el mal estado de los frenos.
 Tras unos 40 Km de este terreno, pasamos la localidad de Zumba y la vía se convirtió en una espléndida carretera de hormigón aunque siguió siendo un subir y bajar constante de importantes pendientes. Poco después de comer en un bonito lugar con la meteorología en franca mejoría llegamos a Vilcabamba estableciéndonos en el parking de un hotel perfectamente acondicionado para overlanders y allí permanecimos dos noches.
Reanudada la marcha, entramos en el P.N. Podocarpus. Su nombre se debe a la presencia de una conífera autóctona que puebla una parte del parque. Este está dividido en dos sectores: una zona alta a la que acabábamos de llegar, en torno a los 3.000 metros de altitud y otra zona a la que iríamos después, de ambiente tropical y mucho más baja.
En el aparcamiento de la casa de los guardas pasamos dos noches aprovechando el día intermedio para hacer alguno de los bonitos recorridos planificados. El lugar fue genial pues además de una enorme tranquilidad y silencio, disfrutamos de wifi y agua potable todo gratis.
Arrancamos en una mañana de mal tiempo hacia Loja para intentar reparar allí los frenos. Al llegar preguntamos a un camionero con un tráiler cisterna y se ofreció a guiarnos hasta un taller con su camión. El taller no se puede describir. En un barrizal a la intemperie, lloviendo y a la larga los mecánicos bastante chapuceros. Allí conseguimos que nos pusieran nuevos los forros de las zapatas, pero el freno no mejoró mucho.
Dado que acabaron de noche, nos quedamos a dormir allí mismo y por la mañana arrancamos con destino a Zamora para visitar la otra zona del P.N. A pesar del mal y tiempo pudimos admirar la belleza del paisaje durante todo el camino. Acampamos en un precioso lugar a la entrada del Parque e invertimos el resto de la jornada y la siguiente en agradables paseos visitando las cascadas y el río Bombuscaro rodeados en todo momento de cientos de mariposas de todos los tamaños, formas y colores, de escurridizos colibríes, paseando a través de senderos bordeados por innumerables clases de orquídeas, aunque no era la época de floración de muchas de ellas.
De nuevo en ruta, hicimos otra etapa en Saraguro. Un pueblo que alberga una etnia algo peculiar. Son los Saraguro y son oriundos de la ribera del lago Titicaca en Perú y fueron reubicados por los incas y su política de colonización. Todos los hombres visten pantalones cortados por debajo de la rodilla y un sombrero negro y las mujeres también se identifican por su vestimenta más próxima a lo visto en Perú que a lo más común en Ecuador.
Media jornada más y llegamos a Cuenca en donde nos dirigimos directamente al servicio oficial Man para intentar solucionar el problema de frenos. Hicieron un intento que no resultó y como era viernes y el lunes ya lo tenían ocupado, nos citaron para la mañana del martes.
Nos instalamos en un agradable campamento cerca del centro de la ciudad y aprovechamos los días para visitarla.
Es una bonita ciudad, cuyo centro colonial figura en la lista del Patrimonio de la Humanidad.
El miércoles a la hora de comer el problema de los frenos estaba resuelto, al menos en la parte que se pudo hacer sin utilizar piezas de recambio de las que no disponían y ante la proximidad de la Nochebuena y con la perspectiva de conocer la fiesta tradicional que allí se celebra en la mañana del 24 de Diciembre y que se llama “El niño viajero”, volvimos al campamento en el que ya habíamos estado y participamos en la fiesta mencionada. Se trata de la llegada anual a Cuenca de una imagen del Niño Jesús que viaja durante todo el año por todo el país y es recibida el día de Nochebuena por la población ataviada con trajes típicos o disfraces de pastores, Vírgenes, Reyes Magos, etc. y que a todas luces es también un pretexto gastronómico.

                                          Colocamos la bandera de Ecuador al entrar


 Bonitos paisajes al llegar a Ecuador


Flores, mariposas, paisaje. Precioso el P.N. Podocarpus






 La ciudad de Loja vista desde las alturas del                                                                                            Parque

Un bonito campamento a la orilla del río Bombuscaro

















  Saraguro y sus peculiares vestimentas


Cuenca


 La catedral vieja conocida como El Sagrario

  Mercado de las flores

 Cúpulas de la catedral

 Paseo en patinete por las orillas del río                                                                                                      Tomebamba

Casas colgadas de Cuenca. De Ecuador, claro

viernes, 11 de diciembre de 2015

Por las tierras de los Chachapoyas



De acuerdo que el nombre de esta cultura desde el punto de vista del castellano hablado en España se presta incluso a la guasa, sin embargo se trata de un pueblo muy avanzado para su época que nos dejó impresionantes vestigios de su cultura.
Desde Chiclayo por una carretera casi siempre ascendente llegamos a Bagua Grande en donde pasamos dos noches en un hotel con piscina y muy altas temperaturas.
Reanudada la marcha nos costó una jornada completa llegar a las ruinas de  Kuélap.  Los últimos 40 kilómetros  los recorrimos por una pista que en su mayor parte discurre colgada sobre barrancos espectaculares y a través de paisajes grandiosos.
En el parking del museo de Kuelap nos permitieron  pasar dos noches aprovechando el día intermedio para la visita a pesar de que amaneció lloviendo. Sin embargo pudimos hacer el recorrido de 5 kilómetros sin mojarnos.
Se trata de una ciudad fortificada construida por los Chachapoyas, un pueblo que ocupó todo aquel territorio desde los primeros siglos del pasado milenio hasta la llegada de los Incas y cuya cultura era muy avanzada. Las ruinas aunque no están tan cuidadas como las de Macchu Pichu, son casi tan grandiosas. Comprenden más de 450 estructuras.
El descenso desde las ruinas resultó una bonita aventura al haberse convertido en un barrizal la pista. A medio día estábamos en Chachapoyas, ciudad que visitamos esa misma tarde y que nos ofreció un bonito y cuidado centro colonial.
Al día siguiente arrancamos con destino a la aldea de Cruzpata en la que planeábamos visitar los Sarcófagos de Karajía. De nuevo fue toda una aventura el recorrido de 50 kilómetros por pistas de montaña, con travesías  muy difíciles de pequeñas aldeas hasta situarnos en una enorme plaza en el centro de la localidad de Cruzpata.
La vista del acantilado en el que se encuentran los sarcófagos se hace en un recorrido a pie de un kilómetro pero con un descenso de casi 200 metros. Por mi parte lo hice en dos ocasiones, la misma tarde de la llegada y tras comprobar que era un lugar muy apropiado para volar el dron y filmar los sarcófagos subiéndolo hasta su nivel, en consecuencia, hice una segunda visita por la mañana temprano aprovechando la ausencia de visitantes a esas horas. Aunque el depegue y el aterrizaje tenían un riesgo, todo salió bien y me permití perturbar ligeramente con la más moderna tecnología, la paz de los allí enterrados.
Tras una segunda noche en el tranquilo pueblecito, iniciamos el descenso y nuevo ascenso hasta Cocachimba para la visita de la cascada Gocta. Una magnifica plaza en el centro del pueblo nos acogió para dos noches de acampada. Por la mañana hice el recorrido de ida y vuelta de 12,5 Km  para aproximarme a la base de la catarata que pasa por ser la tercera del mundo en altura, aunque la caída se realiza en dos escalones.
En la base hice volar otra vez el dron para filmar el salto consiguiendo una original vista de la catarata.
Pasamos una segunda noche en el pueblo y conocimos a Maitane y Elena, una bilbaina y una valenciana que trabajaban en un hotel de la localidad. Estaban de despedida y pasamos un rato muy agradable con ellas esa tarde y además nos invitaron a desayunar en el hotel a la mañana siguiente.
Cuando estábamos terminando el desayuno apareció Olga, una periodista madrileña que habíamos conocido a la llegada y que está viajando en plan mochilero mientras realiza entrevistas a la gente y las publica en su web. Ella nos dio impagables consejos para preparar nuestro propio FaceBook, Youtube, etc. con el objetivo de intentar rentabilizar nuestro relato. Pasamos unas horas muy agradables en su compañía.

Arrancamos con destino a Ecuador. Jaén aun en Perú, Valladolid, Loja, Cuenca y Zamora, por este orden, nos esperaban.

El camino hacia las ruinas de Kuélap




Ruinas de Kuélap





El templo mayor llamado "El tintero"



El centro colonial de Chachapoyas




Vistas de Cruzpata





Moliendo el grano a la antigua usanza



Los sarcófagos de Karajía. Llevan allí casi 1000 años.




Cocachimba. Al fondo la catarata de Gocta



Un Gallito de las rocas



Catarata de Gocta





Al retorno Pilar me había preparado otro paisaje que tras los 12 km a pie agradecí mucho.



Los sarcófagos con casi 2000 años ante el ojo de la tecnología. Una vista desde el dron

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