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jueves, 13 de junio de 2019

Guatapé y El Peñol



En el camino desde Medellín a Bogotá visitamos el bonito pueblo de Guatapé, conocido como el pueblo de los zócalos, debido a los frisos pintados en la parte inferior de sus casas y aunque la justificación que las guías turísticas dan es cuando menos pintoresca, la realidad es que aportan un aire alegre y bien cuidado a sus calles.
El pueblo es reciente ya que se encuentra al borde de un embalse que sumergió gran parte del caserío primitivo.
Cerca, está El Peñol, una enorme roca de más de cien metros de altura, a la que se accede  remontando 750 escalones y desde cuya cima se disfruta una bonita panorámica.
























Cali, Medellín y Bogotá



Acabamos de pasar por las que son, seguramente, las tres mayores ciudades de Colombia.
Para comenzar creo que es justo comentar que todos los malos augurios en cuanto a seguridad se quedaron en nada. No dudamos de que hay zonas y momentos a evitar, pero ¿hay alguna gran ciudad en el mundo que tenga ese problema?
Por el contrario y dejando aparte la estancia en Cali que se pasó acampados en el gran jardín de nuestro entrañable amigo Randy, contando además con su inestimable ayuda (y la de su amigo Lucho, otra gran persona) para resolver algún problema mecánico y con un tour guiado por el casco antiguo, las estancias en Medellín y Bogotá, aunque en diferentes condiciones se desarrollaron con absoluta tranquilidad. En el caso de Medellín, estacionados en plena vía pública en la plaza llamada Parque de la Floresta, en un genial ambiente de Overlanders y paseantes que mostraron más que interés, pasión, por nuestro vehículo y nuestras andanzas.
En el caso de Bogotá, en un parking (parqueadero en lengua vernácula), en pleno centro, que, si bien un poco caro, fue increíblemente silencioso durante la noche y extraordinariamente situado.
De esta forma pudimos conocer algo de las tres ciudades que son realmente diferentes, pero en todos los casos muy interesantes.
Cali es más industrial y con una actividad frenética, Medellín, con un centro “de locos” muestra una cara un poco más “señorial” en su centro y un aire de favela en las comunas que fueron no hace mucho el nido de los sicarios del más famoso capo y Bogotá también increíblemente animada e inmensa nos permitió disfrutar de alguna de sus particularidades: el Mercado de las Pulgas con un aire al Rastro madrileño de hace algunos años, el museo del Oro y las multitudes paseando por la carrera Siete en un evento que se repite cada fin de semana y se conoce como el “Septimazo” entre toda suerte de espectáculos callejeros, vendedores de todo lo imaginable y lo inimaginable con sus atronadores altavoces pregonando a los cuatro vientos sus mercancías mezclándose con todo tipo de ritmos, las carcajadas provocadas por humoristas, etc.




Cali:

Barrio colonial

Iglesia de San Antonio


Medellín:

En la tristemente famosa comuna 13

Una casa exhibe esta fotografía de una de las múltiples batidas que se saldaban con muchos muertos



Hoy, la comuna 13 es un museo de graffiti.

 El "pueblito" paisa. Un museo en el que exponen casas y modos de vida de los paisas que es como se conoce a los habitantes de la región.



 Esculturas de Botero en la plaza que lleva su nombre.





Bogotá:

Museo del Oro



Una cafetería en un Jeep











sábado, 1 de junio de 2019

Reportajes sobre nuestra aventura. Episodio 3

Mientras estábamos acampados en Quito, en el Parque de la Carolina, conocimos a Hugo, un fotógrafo de Madrid que al ver nuestro camión con placas españolas, se acercó a conversar.
Nos comentó que estaba en ese momento haciendo una serie de entrevistas que bajo el título de "Pasiones crónicas" iba publicando en su web y que le gustaría hacer uno de dichos reportajes entrevistándonos a nosotros. Nos pareció una idea simpática y nos citamos una mañana temprano para rodar la entrevista.
A continuación podéis encontrar el enlace del tercer episodio.


https://www.youtube.com/watch?v=ayckNmgYwkY





sábado, 25 de mayo de 2019

Salento, Valle de Cocora y Filandia



A partir del paso por el desierto de la Tatacoa nos desplazamos hacia la zona cafetera con planes de visitar algunos de sus coloridos pueblos y hacer siquiera un recorrido por el difícilmente accesible Parque de los Nevados.
Comenzamos visitando Salento, un pequeño pueblo muy agradable y cuidado con sus casa pintadas de alegres colores y con el único inconveniente de estar en plena “adolescencia turística”, es decir, todo vale para saquear al turista. Da un poco de pena, pues sin duda con un poco que hubieran indagado en otros lugares con más experiencia, podrían haber hecho que la magnífica oferta que poseen fuera mucho más agradable para los visitantes. Pero en fin, las cosas son como son y hay que intentar sacarles partido aunque sea sintiéndote estafado a cada paso.
Desde Salento subimos al Valle de Cócora en donde un mínimo resquicio en el tiempo lluvioso que últimamente es la norma, nos permitió una gran caminata (cinco horas) para recorrer un sendero (con dos peajes) que nos internó ligeramente en el Parque de los Nevados. Pudimos ver el precioso paisaje de las laderas con las Palmas de Cera, una estética palmera con las palmas al final de un recto y vertical tronco de hasta sesenta metros de altura y disfrutar de la experiencia de fotografiar los colibríes más confiados que hemos encontrado hasta el momento.
Finalmente una visita a otro de los pueblos de la zona: Filandia. También muy cuidado y agradable. Coincidió un domingo y el ambiente de la plaza era algo típicamente colombiano. Gente de paseo más o menos engalanada, terrazas llenas en las que se puede degustar el café de la zona en múltiples formas, un mercadillo, una procesión rezando el rosario con la imagen de la Virgen...

Salento:


Valle de Cocora:












 A mal tiempo, buena cara... y mejor carne.


Filandia: