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domingo, 8 de diciembre de 2019

Santiago de los Caballeros… o Antigua



Con las magníficas sensaciones de la caminata hasta la cima del volcán Pacaya emprendimos el corto camino a través de los valles enmarcados por los tres volcanes que rodean la ciudad de Antigua, en su origen llamada Santiago de los Caballeros, en donde nos instalamos en un lugar que mencionaremos por lo insólito: en esta preciosa ciudad colonial la Policía de Turismo permite acampar en una finca de su propiedad en pleno centro histórico, un lugar sombreado, gratis, plano y, cómo no, totalmente seguro. Ojalá todas las ciudades ofrecieran algo parecido.
Desde allí aprovechamos para hacer algunas compras y sobre todo para una detenida y tranquila vista de la ciudad, tanto de noche como de día.
Se trata de una de las más bonitas ciudades coloniales de América, bastante bien conservada a pesar de que su historia es una sucesión de desastres provocados por los frecuentes y demoledores terremotos que han propiciado que sea reconstruida una y otra vez e incluso que la capitalidad del territorio que en tiempos cubría desde México hasta Panamá se trasladara a Ciudad de Guatemala, de donde viene su nombre: Antigua Guatemala.
Ni que decir tiene que ese ambiente colonial la hace parecer muy española habiendo que el deambular por sus calles sea un verdadero placer al contemplar las edificaciones de una o dos plantas con sus ventanales de esquina protegidos por bonitas rejas forjadas, para que al levantar ocasionalmente la vista, nos topemos con la imponente silueta de uno de los volcanes que la custodian o la amenazan.
Solamente, y con intención constructiva, sugerir a las autoridades la supresión o al menos disminución del tráfico rodado por el centro histórico.
















Ruinas de la catedral





Antígua. Al fondo el volcán Agua



viernes, 6 de diciembre de 2019

Subimos al volcán Pacaya



Como ya hemos comentado hicimos un primer ascenso en la tarde y noche hasta un mirador para ver las llamas saliendo de los cráteres del propio volcán Pacaya y a lo lejos, del volcán Fuego.
Al día siguiente de madrugada emprendimos el camino con el objetivo de alcanzar el cráter del Pacaya.
Surgieron dudas a causa del fortísimo viento, pero tras esperar una hora más o menos en la llamada meseta, el viento amainó ligeramente y afrontamos la escalada.
Mereció la pena a pesar de lo incómodo de subir (y luego bajar) fuertes pendientes sobre la resbaladiza ceniza.
Es difícil describir la sensación que sentimos al llegar al borde del cráter. El viento no nos permitía acercarnos hasta el mismo borde porque era muy fuerte, pero desde el sitio “prudente” para tomar las fotografías y observar el fondo pudimos ver como estábamos rodeados de fumarolas, como el río de lava corre por el fondo de la boca y como, de cuando en cuando, se escucha una explosión y grandes piedras son lanzadas en el aire hasta unos 30 metros de altura. Quizá sea un poco loco haber llegado allí, pero no estamos arrepentidos en absoluto.
En todo momento, los paisajes son espléndidos. Están a la vista los tres volcanes que rodean la ciudad de Antigua: El volcán Fuego de más de 3.500 m y muy activo, el Acatenango de casi 4.000 y el Agua también de más de 3.500. A lo lejos se ve, tras el lago Amatitlan la ciudad de Guatemala.
Tuvimos el acierto de subir un buen almuerzo (bota de vino y café incluidos) del que dimos buena cuenta sentados al borde de otro cráter ahora inactivo porque en el año 2.005 se rellenó con la lava del que habíamos escalado. ¡Inolvidable!

Las llamas salen del cráter del volcán Pacaya

De Izquierda a derecha: Vocanes Fuego, Acatenango y Agua. Todos de más de 3.500 m

El Pacaya. Al día siguiente subimos al cráter 
Erupciones del volcán Pacaya

Desde la izquierda: Magy, Carlos, Fuego,                                                                                                Acastenango y Agua

El volcán Fuego hace honor a su nombre

Al fondo Ciudad de Guatemala

Caminando sobre la lava caliente

El cráter del volcán Pacaya


Río de lava

Las piedras lanzadas por las explosiones

Magy ante el peligro.


Caprichos de la lava al solidificar:



El lago Amatitlán

Desde donde almorzamos se veían los ríos de lava de la erupción de 2.005







Entramos en Guatemala: P.N. Laguna del Pino y Ciudad de Guatemala



Una aduana más sencilla de lo que venía siendo habitual y algunos kilómetros aceptables para llegar a un Parque Nacional sencillo y agradable con una bonita laguna que rodeamos a pie al día siguiente. Bonitos paisajes y la tranquilidad que ya nos hacía falta tras todo lo escuchado sobre la seguridad en El Salvador.
Desde allí y con un atasco de coches que nos hizo pasar cuatro horas para hacer poco más de treinta kilómetros llegamos al lugar de acampada en una calle de la ciudad, bastante tranquila, a la puerta de un hostal que nos acogió con una gran hospitalidad de forma desinteresada.
Algunas compras en un supermercado cercano y una visita rápida en la mañana siguiente nos  permitió conocer por encima la ciudad. Es un caos de gente, vendedores ambulantes, puestos callejeros, manifestaciones, sirenas, etc.
Por ello, después de comer en el camión decidimos rodar los escasos 40 km que nos separaban del parking del Volcán Pacaya con intención de hacer la ascensión al día siguiente y pasar una noche tranquila.
Sin embargo como llegamos aun con tiempo, hicimos una caminata de una hora hasta un mirador frente al volcán para ver las llamaradas que salen de su cráter una vez caída la noche y fue una gran idea pues pudimos contemplar algo verdaderamente espectacular.
En el ascenso tuvimos a la vista casi en todo momento los tres volcanes que rodean la ciudad de Antigua: Agua, Fuego y Acatenango de 3990 m.  El volcán Agua emite fumarolas permanentemente y durante el descenso, realizado de noche a la luz de las linternas pudimos ver las enormes llamaradas que salen de su cráter.

P.N. Laguna de los Pinos




Ciudad de Guatemala: