¡¡¡La aventura continúa!!!

Bienvenidos a nuestro blog en la segunda etapa.









martes, 27 de octubre de 2015

Ica, Reserva Nacional de Paracas y llegada a Lima


Desde Nazca, con una parada para un vistazo rápido a las líneas desde el mirador instalado a este efecto y que no permite ver más que dos de las figuras, alcanzamos Ica y nos instalamos en las proximidades de la laguna de Huancachina. El lugar parece que ya desde hace tiempo está explotado turísticamente por lo que un sitio verdaderamente espectacular por sus inmensas dunas y su laguna entre la arena se ha convertido en un enjambre de vehículos todo terreno repletos de turistas subiendo y bajando por las dunas. Resumiendo, una noche y nada más pues no es un sitio “a nuestro gusto”.
Por la mañana, dado que esta es la zona del vino de Perú y que nuestra bodega reabastecida hace ya mucho tiempo en la frontera de Argentina con Brasil estaba ya a punto de estar vacía unido a la perspectiva de no encontrar otra zona vinícola hasta California, decidimos visitar alguna bodega de la zona con intención de aprovisionarnos de tan vital elemento para esta etapa del viaje. Tras algunos intentos fallidos, fuimos a dar a una gran bodega tras varios kilómetros de mala pista en donde, previa cata de algunos de los caldos, nos decidimos por uno cuya relación calidad-precio nos pareció conveniente.
Con la preciada carga situada en nuestra bodega llena hasta el límite, terminamos la jornada en Paracas situándonos dentro de la  Reserva en un precioso lugar al borde del mar: Playa Roja.
Una silenciosa y relajada noche nos dejó preparados para afrontar la jornada de visita por las pistas y dunas de la península. El sitio era ideal para experimentar nuevas características de nuestro dron y por ello realizamos varios vuelos de grabación con los que obtuvimos bonitas filmaciones.
Recorrimos los lugares representativos de la Reserva Nacional, avistando infinidad de aves, lobos marinos, pingüinos… y en espectaculares paisajes del desierto al borde del mar.
Una segunda noche en el mismo lugar y a las 8 de la mañana acudimos a la cita para una excursión en lancha planeadora hasta las islas Ballestas a doce kilómetros de la costa.
Estas islas, llamadas las Galápagos de los pobres, albergan enormes colonias de pelícanos, gaviotas, gaviotines, piqueros, pingüinos y lobos marinos aparte de ofrecer un paisaje espectacular.
De ellas se extrae el guano y en el año 2011 se obtuvieron 10.000 toneladas. También hay una pesca artesanal que proporciona el pescado y marisco con el que se prepara entre otras cosas el suculento ceviche.

Terminada la excursión tomamos rumbo a Lima con una parada para cruzar los neumáticos del camión que ya era imprescindible y una noche en ruta. A las diez de la mañana del día siguiente entrábamos en Lima.






Islas Ballestas:















El campamento de Playa Roja (Península de Paracas) a vista de dron:


viernes, 23 de octubre de 2015

Del Cuzco a Nazca. Dos vuelos memorables

Tras para unos días muy agradables en el camping Quinta Lala del Cuzco durante los que compartimos charlas y cenas con otros viajeros en un gran ambiente y disfrutamos de tranquilos paseos por la preciosa ciudad partimos al encuentro de nuestros amigos de Venezuela que nos esperaban cerca de Chinchero para mi bautismo de aire en un paramotor.
Acudieron también Karen y René y efectivamente tras algún retraso a causa del viento pudimos despegar y cumplir un sueño largamente esperado. Estuvimos unos veinte minutos colgados del cielo con la sensación de volar casi como los pájaros. Indescriptible. ¡Quiero uno de esos!
Pasamos allí mismo la noche y al día siguiente iniciamos la ruta hacia Nazca que nos llevó durante casi tres días a cruzar cuatro barreras de los Andes con un techo de 4.700 metros.
El descenso a Nazca de unos 3.200 metros en algo más de 30 Km es fantástico. Los paisajes unidos al placer de la conducción  por la buena carretera  hacen que el recorrido sea memorable.
Una vez en Nazca contratamos un vuelo en avioneta para sobrevolar los enigmáticos y famosos geoglifos. Una bonita experiencia, bien organizada que nos llevó a recorrer todas las figuras a una altura de 300 metros, permitiéndonos observarlas de la mejor forma posible: desde arriba. La cuestión es cómo consiguieron hacerlas en la época en la que están hechas sin contar con la posibilidad de tener una vista aérea como la nuestra.
Un par de días más para ver  el Centro Ceremonial de Cahuachi en donde pasamos una muy tranquila noche, el Centro Administrativo de Paredones, el sorprendente acueducto de Cantalloc con una muestra de “alta tecnología" para recoger y conducir el agua (muy escasa) y la Necrópolis de Chauchilla con muchos enterramientos con sus momias en el interior y en donde pasamos una segunda noche más tranquila aún. (No podía ser de otra manera)
Al día siguiente salimos hacia Ica, Paracas y Lima.
                                     

                                      



















El Centro Ceremonial Cahuachi (preincaico) a vista de Dron:













jueves, 15 de octubre de 2015

El regreso a Perú


En dos jornadas y media, rodando por carreteras totalmente destrozadas, estábamos en la frontera con Perú con un alto en carretera y otro en  Xapuri, un pueblo muy agradable que ya conocíamos del paso en dirección contraria hace un año casi exacto.
He dudado si relatar o no un incidente que tuvimos en un control de carretera aún en Brasil, pero por si puede servir a otros he decidido resumirlo.
Llegábamos a uno de los controles habituales en Brasil cuando se pasa de un estado a otro, un agente de la policía militar nos indica que podemos seguir y cuando comienzo a rodar veo en el espejo retrovisor que otro, con malos modales golpea el lateral del camión haciendo señas para que nos detengamos. Paro y nos indica que nos apartemos a la derecha, lo que procedo a hacer deteniéndome en una explanada llena de camiones. Cuando llega a nuestra altura, el policía alarga el brazo con intención de abrir la puerta del camión y como nuestras puertas llevan instalado un amortiguador de gas y hay que sujetarlas al abrir, yo la sujeto desde dentro al tiempo que le digo “Yo abro por favor”. El individuo monta en cólera, apoya sus pies en la rueda del camión y con toda su fuerza intenta abrir la puerta que yo sigo sujetando. Como al tiempo no para de gritar, en cuestión de segundos, cinco soldados armados con fusiles automáticos rodean la cabina apuntándonos con sus armas. Cedo en mi esfuerzo de sujetar la puerta y ésta se abre.
El animal vestido de policía está hecho una furia y yo creo que lo superaba en enfado. Ante los cañones de la armas nos enfrentamos a él y por mi parte  le intento explicar porqué quería ser yo quien  abriera la puerta. Quedó claro que no estaba por la labor de comprender estando además bajo la abochornada mirada de sus subordinados tras recriminarle su actuación. Había montado un espectáculo estúpido para  hacer bajar a dos personas mayores y extranjeras de un motor home bajo la amenaza de cinco fusiles.
Pidió la documentación y tras oírme pedir el teléfono para denunciar a la embajada española la agresión gratuita de la que estábamos siendo objeto,  parece que suavizó un tanto la postura yendo a pedir la intercesión de los amigos venezolanos que nos acompañaban en otro vehículo.
Tras la intervención de Iván que además habla portugués y un amago de velada disculpa por parte del déspota cuando se aseguró de que solamente le podía oír yo, proseguimos nuestro camino con un más que respetable cabreo y un fuerte dolor de cuello producido en el esfuerzo de retener la puerta estando sujeto por el cinturón de seguridad.
En fin, no vamos a permitir que la conducta de un perfecto déspota enturbie la fantástica opinión que nos merece la gente Brasil, pero en circunstancias como ésta recuerdo el letrero que vi una vez y que decía: “Hace un día maravilloso, seguro que llega alguien y lo jode”

Una vez en Perú, pasamos la cordillera a 4.760 metros, celebramos el regreso comprando y disfrutando de una cena a base de chancho (cerdo) asado en plena calle que Pilar compró a una señora en la plaza de Urcos y llegamos a Cuzco con el camión tosiendo a causa de la altura. La ciudad con su belleza nos hizo olvidar enseguida los sinsabores de unas jornadas que, de no haber sido por el incidente, hubieran resultado tranquilas.