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viernes, 27 de julio de 2018

Colonia del Sacramento y los últimos kilómetros por Uruguay



En tres horas más o menos, nos situamos en Colonia del Sacramento. Allí encontramos un buen lugar para acampar a los pies de la muralla de la ciudad vieja, es decir, perfectamente situado para la visita.
Dedicamos a recorrer la ciudad el resto del día de llegada y todo el día siguiente.
Incluso una amable policía municipal nos dio permiso para hacer un bonito vuelo sobre la ciudad vieja con nuestro dron, de donde salió un interesante vídeo.
Tras Colonia unos cuantos kilómetros de carreteras en un estado regular, pasando por Carmelo que nos brindó un agradable sitio para la comida al lado de una enorme playa fluvial del río Uruguay,  nos llevaron hasta Mercedes, en donde, de nuevo gracias al “IOverlander” encontramos un genial lugar para acampar a orillas del río. Un agradable final de jornada durante el que también conseguimos bonitas imágenes del campamento a vista de pájaro.
Por la mañana desplazamiento hasta Fray Bentos, en donde hicimos unas compras para terminar los pesos uruguayos y después de comer pasamos la frontera sin grandes dificultades y entramos en Argentina…





La puerta de entrada a la ciudad vieja de Colonia del Sacramento.

Ver vídeo de Colonia del Sacramento


Desde Colonia vemos la puesta de sol sobre el Río de la Plata



Magnífico atardecer en Mercedes. Última noche en Uruguay.



Ver vídeo del campamento de Mercedes




jueves, 19 de julio de 2018

El desembarco en Montevideo




Por fin, en la tarde del día 13 de Julio pusimos nuestras ruedas en Uruguay. Se había terminado una larguísima travesía que gracias a la simpatía del Capitán del barco, Denyo (búlgaro), su segundo de a bordo Pawel  (polaco) y de toda la tripulación (mayormente filipina) se hizo soportable e incluso divertida en muchos momentos.
Sin embargo la gana de comenzar a rodar era ya difícilmente controlable.
Un paso sin ninguna dificultad de la aduana de entrada al país y un corto recorrido hasta el lugar de acampada más utilizado de Montevideo, Punta Carretas y a pasar la primera noche sin balanceo.
En Montevideo teníamos algunos asuntos que resolver como reparar los desperfectos causados por el reventón en la autopista francesa que  se solucionaron sin problemas, incluso con beneficios colaterales, ya que el taller en el que nos repararon el poliéster del paso de rueda trasero, propiedad de un gallego, Rosendo y de su yerno Paco también coruñés nos sirvió de campamento dos noches y no porque ese fuera el tiempo de reparación (unas cinco horas) sino gracias a la gentileza de los propietarios que nos ofrecieron permanecer allí en total seguridad, con electricidad y agua.
Compras de productos de alimentación, tarjeta telefónica, paso por lavandería y algo de turismo por la ciudad nos entretendrán varios días.


Paseo en patín por la ciudad.

Palacio Salvo en la plaza de la Independencia



Francia acaba de ganar el mundial y unos            muchachos lo celebran en la plaza de la                Independencia. La estatua es del General Artigas.


jueves, 12 de julio de 2018

¡¡¡Bordeando Brasil en el Grande Brasile… y llegando a La Argentina!!!




Durante la escala en Río de Janeiro, con gran emoción, desembarcamos y partimos para hacer un recorrido aprovechando el paso por esta ciudad de mucha fama. Nos condujo Hamilton en su microbús, con su amplia sonrisa y ganas de hablar, se entendió con Carlos, que aprovechó para practicar su “portuñol” (nombre gracioso del portugués mezclado con el español), “dialecto” aprendido en la etapa anterior de su viaje por América del Sur. 



Las favelas, el estadio de Maracaná, el Sambódromo, el Cristo del Corcovado, la playa de Copacabana… en ese orden Hamilton nos llevó y nos describió cada sitio. Debido a que se estaban viviendo los días del mundial de futbol, el tema principal fue este deporte mientras rodábamos por vías en constante embotellamiento, luego calles estrechas llenas de coches, residuos y gente repartida en la aceras, bajo los puentes,  escurriéndose entre los automotores o ingresando o saliendo de las fachadas deterioradas, construcciones abandonadas, que se imponían ante los espacios y edificaciones públicos de apariencia nueva y mientras nos acercábamos al corazón de la ciudad la topografía subía junto con la calidad del paisaje.

Al internarnos en el parque natural, el contraste fue tal, que todo se transformó y ya desde el mirador del Cristo del Corcovado apreciamos el mar y las montañas en las que se insertan las áreas construidas y todo parece perfecto.
Las escalas en  Vitoria, Santos y Paranaguá, fueron demasiado cortas. En Vitoria nos quedamos en el barco y en Santos  apenas una escapada para comprar tarjetas SIM para el teléfono y una cerveza. En Paranaguá, el agente marítimo nos llevo a la ciudad, lamentablemente era de noche y Brasil acababa de perder su pase a la siguiente fase del mundial, así que nos llevo a un centro comercial cerca de un supermercado, recorrimos la tienda mirando curiosidades y diferencias en nombres y tipos de alimentos y antes de que nos recogieran de vuelta nos sentamos a  beber una cerveza fría. Brasil estaba triste.
Desde allí tres jornadas en el mar para llegar a Zárate (Argentina). Una visita de un día a Buenos Aires en donde pudimos pasear, sentarnos en un buen restaurante (parrilla) para darnos un festín de asados y buen vino, visitar el barrio Caminito y terminar el día con una agradable velada en el barrio de San Telmo en una de las más antiguas “Casas del Tango” disfrutando de Tango en directo. Muy buen día.
¡Ya queda poco para empezar a rodar!












Entrada al puerto de Vitoria.
Primera tierra americana a la vista.





Vitoria. 










El Grande Brasile reflejado en una fachada de cristal en Vitoria.



Rio de Janeiro.












Una Favela.










En el Sambódromo.













Otra favela cerca de Maracaná.








Vistas desde el Mirador del Cristo del Corcovado.


  













Un tití contemplando a los turistas.






Buenos Aires:
Caminito, Casa Rosada, Plaza de Mayo.






Una velada con tango.





lunes, 2 de julio de 2018

El paso del Ecuador


     Tres días después de zarpar de Conakry, en donde no desembarcamos al juntarse el poco interés que presentaba y la peligrosidad de la que fuimos informados, atravesamos el Ecuador.
El capitán y la tripulación prepararon una fiesta para bautizar a los que no lo estábamos, aunque para alguno era la décimo cuarta vez que lo cruzaba y otros han vivido toda su vida casi sobre él.
Fue el dios Neptuno el encargado de la ceremonia que tuvo lugar en la piscina del barco tras los consabidos remojones por fuera con agua por parte del resto de la tripulación e internos con un buen ron.
Una simpática fiesta, con una magnífica cena con otro cochino asado junto a otras carnes, cerveza, vino y un karaoke en el que casi todos mostraron sus habilidades.
A los bautizados se nos hizo entrega de los correspondientes certificados que exhibimos orgullosos en la foto.


El Capitán y el Ingeniero de máquinas supervisan las duras pruebas para merecer el bautismo

                                                                               Muy orgullosos de haber obtenido la certificación

Una espléndida cena para celebrar el evento.





Escalas en Vigo, Dakar y Conakry…




Después de un paseo por Vigo, saboreamos suculentos y abundantes platos de Galicia, intentando guardar de alguna manera en la memoria el exquisito sabor de la comida española, sabiendo que los platos de cada lugar tienen su exquisitez pero diferente sabor, a mí personalmente me ha gustado la comida española.


          Dejando atrás las islas Cíes.


Un paso durante la noche entre Tenerife y Gran Canaria y en algo más de dos días estábamos en Dakar. Para la visita de Dakar debemos agradecer al encargado de la aduana del puerto que me autorizara a salir del puerto sin visado, valorando las pocas horas que estaría en la ciudad. Fue una suerte topar con una persona que valoró el razonamiento lógico más que las normas y políticas impuestas.



Hicimos un recorrido por el centro y disfrutamos de la amabilidad de la gente y sus coloridos trajes, del bullicio de sus automotores ya sea por averías, por las prisas que llevan intentando escabullirse entre vehículos y muchedumbres, o por las bocinas de los taxis, cuyos conductores no pierden la esperanza de ganarse un dinero al verte extranjero y quizá perdido; el singular sonido de voces en diversos idiomas (inglés, francés, y los variados lenguajes que se hablan), dirigiéndose a nosotros ya sea con la finalidad de vender algo o simplemente saludando. A mí personalmente en muchas partes me confunden y me preguntan si soy china, japonesa o filipina, yo me divierto aceptando cualquier saludo y, aconsejada ya por Carlos que les conoce y les ha definido como “personas inasequibles al desaliento” cuando de vender se trata, evitando mostrar interés por alguna mercadería. El calor nos obligó a refugiarnos en una terraza y unas cervezas, después de haber hecho el recorrido  a pie desde el puerto al centro recorriendo luego un gran mercado con puestos de venta hacinados, obligados a caminar en fila debido al reducido espacio para circulación compartida entre peatones, carros, motos coches y hasta un semiremolque, en donde se venden una mezcla impresionante de productos, Me llamó la atención   el contraste de todo este mercado con el espacio abierto de la mezquita en donde varios hombres se encontraban rezando de rodillas con la frente en el piso, otros se disponían a levantarse una vez concluida la oración mientras nosotros nos esforzábamos para pasar entre los puestos de ventas y la mezquita.


                         











 Volviendo al barco para zarpar rumbo a Conakry

Buscando la variedad en la monotonía…




Debido a la conocida calidad de la cocina española, la tripulación pide a coro una paella J, y Carlos como buen español, con la ayuda de Celso y James (Chefs filipinos, grandes personas, Celso con su franca sonrisa y James con su alegre cantar) se ponen delantales blancos y manos a la obra en las cocinas del barco.
Así que hoy nos han deleitado con una exquisita paella que según el Capitán ha sido una comida devorada con tal rapidez que ha desaparecido de la mesa, exquisita aun con los limitados ingredientes, Carlos como siempre sorprendiendo en cada cosa que hace J.

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 La vida en un barco navegando por el Atlántico tiene mucho más de lo que uno se imagina, gracias a la chispa de alegría y emoción que cada ser aporta