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viernes, 22 de febrero de 2019

Visita a la Reserva Jocotoco. Todo un descubrimiento



En la oficina de turismo de Zaruma nos aconsejaron la visita de esta reserva gestionada por una fundación norteamericana, en la que se puede acampar y realizar varias caminatas por un bosque lluvioso muy bonito y en la que hay cientos de colibríes de varias especies.
Hasta allí nos fuimos y a cinco kilómetros de pista desde la carretera encontramos la recepción del parque.
Tienen una especie de porche desde el que se pueden contemplar (e incluso tocar) un número increíble de estas aves de todos los colores y tamaños.
Tuvimos la suerte de coincidir con Douglas, un ornitólogo norteamericano voluntario de la fundación, que entre otras cosas nos explicó el origen del curioso nombre que tiene. El jocotoco es un ave recientemente descubierta para la ciencia en un lugar de Ecuador próximo a Vilcabamba por el fundador de esta fundación que emite un sonido parecido al nombre citado.
Dos días en pleno bosque disfrutando no solamente de los colibríes, sino de otras especies como tucanes, pájaro umbrella, etc. y de otros “bichos” digamos menos simpáticos, al menos para nosotros, aunque también muy vistosos.



Ver vídeo "Colibríes"




jueves, 21 de febrero de 2019

Entramos en Ecuador: Vilcabamba y Zaruma



La entrada por la frontera de la Balsa, seguida de una carretera con tramos de hormigón entre los que se intercalaban otros de pista en un estado lamentable, incluidos derrumbes salvables a duras penas por nuestro camión (el resto del tráfico hubo de esperar la llegada de una excavadora), ocuparon la primera jornada hasta llegar con las últimas luces del día a Vilcabamba. Allí, dos jornadas de descanso aprovechadas para lavar ropa y solucionar algunos problemas además de agradables paseos por el pueblo y una caminata hasta la Cascada Escondida, que lo estaba tanto que no logramos verla, constituyeron las primera jornadas de nuestro paso por Ecuador.
Dos paradas en Malacatos y Catamayo para visitar a amigos de Magy y la llegada a Zaruma, un bonito pueblo de orografía imposible que nos recibió, gracias de nuevo a una amistad de Magy, enviándonos a un agente motorizado para conducirnos al, probablemente único, emplazamiento posible para nuestro camión, pero a un kilómetro escaso del centro.
Desde allí visitamos la ciudad minera, casi toda ella con casas de madera, una bonita iglesia igualmente de madera , la mina Sexmo, guiados espléndidamente por el simpático, Luis, un antiguo minero de ese mismo yacimiento reconvertido en guía de la mina y una excursión en taxi por los alrededores para ver la iglesia de madera de Malvas y un molino artesanal de mineral para la obtención del oro.
Una bonita experiencia en un muy bonito lugar en el destacó sobre todo la amabilidad y hospitalidad de todas las personas con las que tuvimos ocasión de relacionarnos.

En busca de la cascada escondida

Tan escondida que no apareció

Zaruma





Siempre contracorriente. Genio y figura...

Lista para la visita de la mina

Luis, nuestro guía exminero




Molino para la roca que contiene el oro

Lavando la molienda. En la arena se ven brillar pequeñas chispitas de oro, unos 3 gr por tonelada.

La iglesia de Malvas:


                                              Vista nocturna de la iglesia de Zaruma


miércoles, 6 de febrero de 2019

De Cajamarca a Kuelap, Karajía y catarata Gocta. De nuevo 300 Km de carretera de vértigo.



De nuevo un desplazamiento de 300 km nos costó tres días. De nuevo atravesamos una tras otra las cadenas de montañas, rodando sobre una carretera asfaltada en su mayor parte, pero de un solo carril, que en ocasiones dejaba el espacio justo para hacer una curva entre una roca vertical por un lado  un precipicio sin fondo por el otro. De nuevo, magníficos paisajes y agradables lugares para pernoctar.
Hasta llegar a Nuevo Tingo en donde está la estación para subir a la fortaleza de Kuelap en el telecabina inagurado recientemente, Una obra de ingeniería realmente espectacular que salva en veinte minutos el enorme desnivel que antes era necesario recorrer sobre quince kilómetros de mala pista.
En Kuelap también se están haciendo obras de acondicionamiento de la visita y realmente el área arqueológica lo merece. Se trata de un recinto amurallado, cuya muralla alcanza en algunos puntos los veinte metros de altura, que aloja en su interior lo que puedo ser una población de los Chachapoya que lo habitaron entre 1.100 y 1.400 d.C. hasta la llegada de los incas y de forma casi inmediata de los españoles. Se aprecian las plantas de las viviendas y otras edificaciones que se suponen templos o lugares de uso ceremonial sobresaliendo una de ellas de forma troncocónica invertida.
Visitamos después los sarcófagos de Karajía, ubicados en un acantilado, en donde nos permitieron usar el dron para hacer unas tomas volando hasta su altura. Se trata de sarcófagos de cañas y barro de forma antropomorfa que seguramente fueron lugar de enterramiento para los notables de la cultura Chachapoya.
Un breve desplazamiento nos llevó hasta el pueblo de Cocachimba, base para la caminata hasta la cascada de Gocta, que pasa por ser la tercera del mundo en cuanto a su altura, aunque en dos caídas. Un bonito recorrido por una senda en medio de un bosque tropical y una preciosa vista de las cascadas desde su base. También un regreso bajo una pertinaz y fuerte lluvia tropical que nos hizo llegar al camión absolutamente empapados.

El telecabina hacia Kuélap







Kuélap:












Sarcófagos de Karajía:


Catarata de Gocta:







Ver vídeo "Acercándonos a los sarcófagos de Karajía"



viernes, 1 de febrero de 2019

Desde Caraz a Cajamarca por la sierra. El Cañón del Pato



Después de un par de días de descanso aprovechado para limpiar y lavar y solucionar pequeños problemas de mantenimiento emprendimos las que, con toda seguridad, fueron las jornadas más duras de lo que llevamos recorrido. Más de trescientos kilómetros que comenzaron atravesando los veintiséis túneles del Cañón del Pato, por los que pasó el camión con márgenes de centímetros y que continuaron por caminos en su mayor parte sin asfaltar y de anchura justa para el camión, circunstancia que se hizo más patente en las esquinas con una pared de piedra a un lado y un espectacular precipicio al otro y, muy especialmente en las ocasiones en las que nos cruzábamos con algún otro vehículo, ¡incluido un tráiler!
Tres días a diez horas diarias de conducción fueron necesarios para llegar a Cajamarca, cruzando una tras otra las cadenas de montañas atravesando paisajes indescriptibles.
Dos noches en lugares muy diferentes pero ambos con gran encanto:  la primera en Pallasca, un bonito pueblo en lo alto de un cerro con vistas maravillosas y la segunda en la orilla de la laguna Sausacocha, en un paraje idílico.
También la meteorología contribuyó a endurecer el recorrido con frecuentes tormentas que ponían el camino aun más difícil.
Al final del camino, Cajamarca nos brindó paseos por su agradable centro colonial y la posibilidad de reponer los suministros que ya empezaban a escasear.


Pallasca, el pueblo de la primera acampada:





Durante el camino pudimos ver muchas escenas de la vida cotidiana de la zona que atravesábamos

 





Cajamarca


 Necrópolis de "Ventanillas de Otuzco"



Ver vídeo de la ruta desde Caraz a Cajamarca por el Cañón del Pato