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lunes, 31 de diciembre de 2018

Nazca. Sobrevolamos las misteriosas líneas.



Llegados a Nazca organizamos las visitas intentando sobrevolar las líneas después de haber visitado el observatorio astronómico en el que un vídeo muy interesante proporciona una visión amplia de las diversas teorías que se han barajado para explicar los geoglifos.
De estas explicaciones lo que nos quedó más claro es que de una forma  otra, las teorías expuestas dan explicaciones más o menos lógicas a algunos aspectos, pero, sin embargo, a nuestro entender tienen demasiadas lagunas.
Tras ver el reportaje, vino una parte  muy interesante de la visita: la observación del cielo a través de un potente telescopio dedicada a posibles conexiones entre los geogifos y las constelaciones visibles desde Nazca.
Con este bagaje a las ocho de la mañana del siguiente día estábamos en el aeropuerto a punto de abordar una avioneta Cesna de seis plazas más el piloto y el copiloto que nos llevaría a sobrevolar las líneas más importantes de Nazca y las de Palpa en un vuelo de una hora aproximadamente.
El vuelo resultó muy agradable y haciendo ochos sobre las figuras, pudimos ver y fotografiar  ora por un lado, ora por el otro del avión una buena parte de las figuras.
Los dos siguiente días los de dedicamos a las ruinas de Cahuasi y a la necrópolis de Chauchilla en cuyos parkings pasamos sendas noches.

Acueductos de Catalloc.











Ruinas de Cahuasi





Necrópilis de Chauchilla




Ver vídeo "Sobrevolando las líneas de Nazca"




jueves, 20 de diciembre de 2018

Desde el Valle Sagrado hasta Nazca pasando por Ayacucho…


A la vista de que teníamos tiempo sobrado para llegar a la zona de Ica en las fechas del rallye Dakar, decidimos visitar Ayacucho.
Si el recorrido desde Chinchero hasta el propio Ayacucho ya resultó de una enorme belleza con permanentes subidas hasta los cuatro mil metros y sus correspondientes bajadas vertiginosas, la aventura que constituyó recorrer el trayecto desde allí hasta Nazca, nos hizo disfrutar durante una semana del más auténtico Perú.
La carretera, casi toda asfaltada, presentaba en sus casi seiscientos kilómetros un solo carril que, la mayor parte del tiempo discurría sobre una exigua plataforma con una pared a un lado y un precipicio imponente al otro.
Los paisajes eran de una belleza sobrecogedora, los pueblecitos  y sus pobladores sin ningún tipo de influencia exterior nos causaron una profunda y agradable sensación , aunque la fatiga lógica de recorrer la difícil carretera estuvo presente, quedó ampliamente compensada por los fantásticos lugares que pudimos escoger para acampar, en unas ocasiones en las plazas centrales de los pueblos en un ambiente muy acogedor y tranquilo que nos permitió largas charlas con los lugareños y en otras en lugares de enorme belleza a la orilla de lagos, ríos o plataformas colgadas sobre panoramas impresionantes.
En un intento de describir las sensaciones habidas relataremos la anécdota de una de las noches. Habíamos acampado a la orilla de un lago y tras dar un paseo por su orilla cenamos y cuando ya estábamos a punto de acostarnos, escuchamos el motor de un vehículo que sonaba muy cerca. Nos asomamos a ver de qué se trataba y nos encontramos con un motocarro (muy típicos por aquí como taxis) del que descienden dos agentes de policía y una tercera persona. Los agentes, muy amablemente, nos informan que se han acercado para tomar nota de nuestros documentos a fin de tener todo bajo control y proporcionarnos  un número de teléfono al que llamar en caso de alguna emergencia. Pero la sorpresa viene cuando nos presentan a la tercera persona que viajaba en el motocarro, diciéndonos su nombre y su cargo: se trataba del Sr. Gobernador de la zona. Es decir, o bien el Sr Gobernador había ido a buscar a los policías o eran estos los que habían reclamado la presencia de la máxima autoridad para cumplimentar a los turistas  La estampa de ver a dos agentes de policía subirse al motocarro del tamaño  aproximado a la mitad de un utilitario pequeño, junto al Sr. Gobernador, que por otra parte era quien conducía, aun nos acompaña en nuestras conversaciones .
Sobre Ayacucho comentaremos que tiene una bonita plaza colonial junto con algunas bonitas  casonas bien conservadas. Acampamos en una tranquila plaza cerca del centro con algunos problemas para llegar a ella, pero en la que nada ni nadie nos molestó.
Antes de llegar a Nazca visitamos el museo del Refugio de Pampa Galeras y acampamos una noche al pie del Cerro Blanco que pasa por ser una de las mayores dunas del mundo, pues con su base a unos  600 msnm se alza hasta los 2500 m.

Laguna de Pacucha





En la orilla del río Pampas



Ayacucho

 







 Aguas turqquesas del río Millpu






Aucará


Ruinas de Andamarca






San Juan de Lucanas

Cerro Blanco



Ver el vídeo "Desde Cuzco a Nazca por Ayacucho"



jueves, 13 de diciembre de 2018

Machu Picchu y Wayna Picchu




Para ninguno de nosotros dos iba a ser nuestra primera vez en Machu Picchu y por eso pensamos en encontrar algún motivo extra para que la visita tuviera algún aliciente especial, si bien tratándose de este lugar, en realidad no sería tan necesario.

Ninguno de nosotros habíamos ascendido en nuestras anteriores visitas al Wayna Picchu, esa montaña en forma cónica que se alza casi al norte de la zona arqueológica y a algo más de 350 metros por encima.
Una vez pensado, y con alguna duda sobre mis posibilidades de “hacer cima”, adquirimos con la suficiente antelación (existe un límite de 400 personas por día) los tiques de acceso complementarios  a las entradas para visitar las ruinas propiamente dichas y a las 5 de la madrugada del 3 de Diciembre estábamos abordando el tren que nos llevaría desde Oyantaytambo, en donde se quedaba nuestro camión, hasta Aguas Calientes. Allí un desplazamiento en autobús de unos veinte minutos (el precio por minuto de este viaje es algo realmente escandaloso) nos puso a la puerta del yacimiento.
Poco después de las ocho de la mañana iniciábamos la ascensión que se fue endureciendo por momentos, pero que una hora y media después de iniciada culminábamos felizmente encaramándonos a la más alta de las rocas de la cima para gozar de una perspectiva impresionante no solo de las ruinas sino también del entorno en el que están situadas.
Casi una hora y un sin número de fotografías después  iniciamos el descenso,  terminado el cual, una comida que tuvimos la precaución de llevar con nosotros (los precios del self service que hay son inconcebibles) acompañada de nuestra fiel bota de vino y un agradable reposo en un banco con vistas esplendidas sobre la ciudadela dieron paso a la visita de la misma.
Acabó el día con el retorno en bus y tren hasta la estación de Oyantaytambo en cuyo parking pasamos la noche con el orgullo a tope tras haber realizado la ascensión sin contratiempos ni fatiga digna de mención.

Esta era la primera vista del Wayna Picchu que esperaba nuestra ascensión
                                    





                                                     En algunos tramos había que usar las manos


                                              Objetivo conseguido


Las ruinas desde la cumbre