¡¡¡La aventura continúa!!!

Bienvenidos a nuestro blog en la segunda etapa.









sábado, 27 de junio de 2015

El largo recorrido hasta Fortaleza

De vuelta a la costa recalamos por dos días en Maceió, una agradable ciudad que visitamos sobre nuestros patinetes con un bonito recorrido por el larguísimo paseo marítimo con un carril habilitado para bicicletas que nosotros aprovechamos. El centro histórico está bastante abandonado y sucio e incluso se hace muy difícil tomar una fotografía debido a la impresionante maraña de cables eléctricos.
Muy agradable el paseo en una jangada, el tradicional barco de vela dela zona, hasta las piscinas naturales formadas en marea baja en los arrecifes de coral para bañarse entre peces de colores y disfrutar de una caipirinha helada (y cargadita) servida mientras te bañas.
Desde Maceió, varias jornadas por la costa, acampando en playas maravillosas hasta llegar a Recife y Olinda. Las dos ciudades son prácticamente una, aunque Olinda atesora más monumentos y mejor conservados estando incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad.
Acampamos en un parque acuático con derecho a luz, agua, wifi y piscina situado en el término de Olinda pero geográficamente entre las dos ciudades. El primer día visitamos Recife que tristemente está muy sucio y descuidado. Aun así visitamos varias iglesias, la antigua prisión convertida en mercado de artesanía, el típico (y sucísimo) mercado de San José, el puente giratorio y otras curiosidades.
Al día siguiente realizamos la visita de Olinda que guarda algunos edificios notables. Comenzamos por la catedral situada en el alto da Sé y que más que por el propio edificio vale la pena por las bonitas vistas hacia el mar. La iglesia do Carmo, el convento de Sâo Francisco la iglesia de Sâo Bento en la que escuchamos a los frailes cantar Gregoriano y sobre todo un agradable paseo recorriendo las callejuelas entre bonitas casitas pintadas de colores.
Un nuevo recorrido por la costa, durante el que, Jacumá, Pipa, Buzios, Maxaranguape (el punto más oriental de América) nos proporcionaron preciosos entornos de playa para acampar.
Mucho calor y tiempo inestable durante todo el recorrido con ratos de calor sofocante seguidos de fuertes aguaceros.
Desde Maxaranguape rodamos por pistas próximas a la costa con tramos en los que había que hacerlo por la playa, aparte de ofrecernos un poco de chispa nos trajeron recuerdos de aquellas travesías por la playa, ya algo lejanas,  en Mauritania.
La última parte de este recorrido incluyó un precioso tramo sobre dunas de regular tamaño desde las que la vista del mar era realmente inolvidable. Como inolvidable fue la comida de ese día. En el pueblo que queda justo a la entrada de la playa, Sâo Bento do Sul, compramos tres kilos largos de langostas por 39 reales, es decir unos 11 €, de los que dimos buena cuenta en una parrillada memorable, seguida de un espléndido baño en el mar. Un precioso día que ya estábamos necesitando para romper la monotonía del asfalto.

Al día siguiente llegábamos a Fortaleza. Estamos a 3 grados de latitud sur y eso se nota en las temperaturas.



























¡Dale a tu cuerpo alegría con l'arena...! ¡Heeey, con l'arena!
¡Que tu cuerpo es para darle alegría y cosa buena!
Langosta, claro. Pero mucha, mucha langosta...
No rima, pero estaban de muerte.



sábado, 13 de junio de 2015

Salvador de Bahía

Desde el camping contratamos los servicios de un taxista para todo el día y en un coche nuevo con aire acondicionado hicimos un buen tour de toda la ciudad.
Visitamos iglesias, fuertes y sobre todo el barrio de Pelouriño que nos gustó mucho.
Está aceptablemente cuidado y extremadamente vigilado para evitar los atracos por los que es tristemente famoso.
Comimos en una terraza en el mismo barrio, visitamos un mercado de artesanía en el que había poco más o menos lo mismo que en los mercados de artesanía de todo el mundo y dimos un paseo por el faro con la noche ya cayendo.
Nos causó una agradable sensación si nos abstraemos de la suciedad y deterioro de los barrios más marginales.
Desde Salvador nos desplazamos hasta Praia do Forte a donde llegamos hacia mediodía con la idea de visitar las instalaciones del Proyecto Tamar. Una institución dedicada a preservar varias especies de tortugas marinas que acuden a las playas de la zona a desovar.
Con el argumento de “son muy grandes” y como era domingo no nos permitieron entrar con los camiones, por lo que buscamos algún sitio en el que pudiéramos pasar la tarde y noche para intentarlo el lunes por la mañana.
No tuvimos problemas para entrar al día siguiente y encontramos un buen sitio con sombra muy cerca de la playa y de las instalaciones de conservación de las  tortugas a las que realizamos una interesante visita y muchas fotografías. Comimos en un restaurante “a quilo”, es decir una especie de self-service en el que tu vas cogiendo lo que quieras comer, te lo pesan y anotan el peso en un papel. Al final pagas lo que hayas comido a un precio realmente bueno. En torno a 8 ó 10 € el kilo, al que generalmente no se llega por persona.
Decidimos pasar allí mismo la noche y al día siguiente rodamos algunos kilómetros hasta un lugar llamado Praia do Saco en donde nos instalamos al borde mismo de un río que desembocaba en el mar justo delante de nosotros, en un paisaje de gran belleza
Arrancamos con intención de abandonar la costa para visitar los Cañones del Río San Francisco, pero  por varias razones decidimos quedarnos en una playa de Aracajú de la que tuvimos que marchar  al atardecer por consejo de varias personas que pasaron por allí y que nos aseguraron que era peligroso pasar allí la noche debido a las bandas que parecen muy habituales por la zona. En vista de eso pedimos permiso a la policía y estacionamos los camiones al lado de la comisaría.
Desde allí nos paseamos por el paseo marítimo y asistimos a la inauguración de un monumento con música, bailes típicos e incluso degustación de alguna de las delicias locales.
Pronto, por la mañana estábamos en ruta hacia Piranhas, el pueblo que nos habían recomendado cerca de los cañones del Río San Francisco.
A media tarde llegábamos a la zona, pero en lugar de dirigirnos al pueblo fuimos a estacionar al embarcadero desde el que zarpan los catamaranes que hacen el recorrido por los cañones. Una tranquila noche que precedió al agradable recorrido por el río San Francisco hasta una zona que está acotada para bañarse y en la que los barcos esperan una hora para que los turistas se den un baño. Todo muy preparado pero agradable. Aún pasamos otra noche allí cerca  antes de llegar al pueblo de Piranhas.

Una bonita población a la orilla del río con todo el caserío construido en las empinadas laderas de un valle. Es famosa por haber sido el lugar de fechorías de una pareja de bandoleros que lideraron un grupo armado llamado “Os Cangaceiros” y que finalmente fueron atrapados (muertos) allí cerca. Teníamos información de que en el pueblo se comía Piraña y en efecto en un restaurante pudimos probar este pescado con tan mala fama. Es sabroso, pero tiene poco provecho y muchas espinas. Sin embargo deja un buen sabor pensar que en esta ocasión nosotros nos las comimos a ellas.