¡¡¡La aventura continúa!!!

Bienvenidos a nuestro blog en la segunda etapa.





Nos encantaría que fueras seguidor de nuestro blog...

Seguidores

sábado, 25 de mayo de 2019

Salento, Valle de Cocora y Filandia



A partir del paso por el desierto de la Tatacoa nos desplazamos hacia la zona cafetera con planes de visitar algunos de sus coloridos pueblos y hacer siquiera un recorrido por el difícilmente accesible Parque de los Nevados.
Comenzamos visitando Salento, un pequeño pueblo muy agradable y cuidado con sus casa pintadas de alegres colores y con el único inconveniente de estar en plena “adolescencia turística”, es decir, todo vale para saquear al turista. Da un poco de pena, pues sin duda con un poco que hubieran indagado en otros lugares con más experiencia, podrían haber hecho que la magnífica oferta que poseen fuera mucho más agradable para los visitantes. Pero en fin, las cosas son como son y hay que intentar sacarles partido aunque sea sintiéndote estafado a cada paso.
Desde Salento subimos al Valle de Cócora en donde un mínimo resquicio en el tiempo lluvioso que últimamente es la norma, nos permitió una gran caminata (cinco horas) para recorrer un sendero (con dos peajes) que nos internó ligeramente en el Parque de los Nevados. Pudimos ver el precioso paisaje de las laderas con las Palmas de Cera, una estética palmera con las palmas al final de un recto y vertical tronco de hasta sesenta metros de altura y disfrutar de la experiencia de fotografiar los colibríes más confiados que hemos encontrado hasta el momento.
Finalmente una visita a otro de los pueblos de la zona: Filandia. También muy cuidado y agradable. Coincidió un domingo y el ambiente de la plaza era algo típicamente colombiano. Gente de paseo más o menos engalanada, terrazas llenas en las que se puede degustar el café de la zona en múltiples formas, un mercadillo, una procesión rezando el rosario con la imagen de la Virgen...

Salento:


Valle de Cocora:












 A mal tiempo, buena cara... y mejor carne.


Filandia:








viernes, 24 de mayo de 2019

Desierto de La Tatacoa



Un tanto sorprendente encontrar en medio de una zona casi de selva con vegetación exuberante, unos cuantos kilómetros cuadrados de desierto.
El paisaje es una sucesión de cañones que el agua ha labrado y sigue labrando en el poco consistente terreno dando lugar a un laberinto de quebradas con una vegetación particular formada mayoritariamente por espinos y cactus.
Para los que conocemos las Bardenas Reales de Navarra el paisaje de La Tatacoa recuerda enormemente aquel.
La diferencia es que aquí no hay restricciones para acampar ni para transitar por todos los lugares posibles, hacer una barbacoa  y disfrutar del lugar.
Mención especial merece el observatorio astronómico allí situado, un lugar privilegiado por contar con un espacio con escasa contaminación lumínica. Allí, en una amenísima charla ofrecida en un montón de idiomas simultáneamente por Guillermo, el director, pudimos repasar nuestros conocimientos de astronomía, echar un vistazo a la luna a través de un telescopio muy potente e incluso acoplar nuestra cámara fotográfica al ocular del telescopio y filmar un pequeño vídeo de la superficie de nuestro satélite.








Imágenes de la luna con nuestra cámara acoplada al ocular del telescopio del observatorio del Desierto de la Tatacoa




Ver vídeo "La luna desde el Desierto de La Tatacoa








jueves, 16 de mayo de 2019

La zona arqueológica de Tierradentro



Finalmente, tras algunas dudas, decidimos acercarnos a Tierradentro. Otra de las zonas arqueológicas importantes del departamento del Huila.
De nuevo malas carreteras compensadas por un espléndido paisaje.
Tras el descanso de una dura jornada de camión salimos para efectuar la visita de las zonas de mayor importancia del sitio: El Duende y Segovia; así como el pequeño museo que reúne algunas de las piezas encontradas en los hipogeos, pues son mausoleos subterráneos los monumentos que se visitan en el lugar.
En un pintoresco taxi que en tiempos fue un Jeep, nos subieron hasta la parte alta del área siempre acompañados por Arcadio un guía local de setenta y dos años, que, además de haber participado en las excavaciones y búsquedas de otros lugares similares y de poseer unos vastísimos conocimientos sobre el lugar, nos dejó perplejos demostrando una forma física absolutamente envidiable, trepando cuestas, bajando por escalones inverosímiles a los hipogeos y descendiendo a la carrera monte a través a comprar los boletos que habíamos olvidado adquirir.
Los enterramientos, evidenciando los noveles sociales de los allí enterrados, van desde simples excavaciones sujetas por sencillas pilastras de piedra, hasta cavidades profusamente decoradas y con relieves tallados en la roca y los pilares.
Todo ello en un entorno de gran belleza salpicado de bonitos pueblos, cada uno con su coqueta iglesia colonial. Visitamos dos: San Andrés de Pisimbalá y Santa Rosa, de un impecable blanco y con sus techos de brezo.
El recorrido fue cansado, pero mereció la pena sin duda.

 El taxi que nos acercó al inicio del camino


La iglesia  de San Andrés de Pisimbalá
 Comprando fruta para el camino

Todos en el taxi. A la derecha Arcadio, el guía. Los setenta y dos años mejor llevados que hemos visto hasta el momento

San Andrés de Pisimbalá 


Cerámica en unos de los hipogeos. En ella depositaban alimentos para el viaje al más allá

La poco ergonómica bajada a los hipogeos











Iglesia de Santa Rosa


No era Juan Valdés, pero tenía un aire


Ver vídeo "Tierradentro"







jueves, 9 de mayo de 2019

Zona arqueológica de San Agustín


Pasamos varios días recorriendo la zona arqueológica en la que se encuentran repartidas en múltiples áreas los vestigios de una misteriosa cultura que realizó espectaculares enterramientos en túmulos construidos con grandes lajas de piedra a modo de dólmenes con estatuas labradas en la misma piedra volcánica sobre las que se especula cual era su motivación, desde guardianes de las tumbas a representaciones de deidades o de los propios difuntos. En algunos casos perecen motivos relacionados con la maternidad y en otros, escenas eróticas o con gestos que se pueden considerar groseros en nuestro tiempo.
Visitamos cuatro de los sitios posibles: Alto de las Piedras, Alto de los Ídolos, La Chaquira y San Agustín y pudimos ver que efectivamente hoy no tenemos una explicación para la vida ni las motivaciones que esta misteriosa cultura tuvo para realizar sus esculturas.

Zona del Alto de las Piedras:







Zona del Alto de los Ídolos







Zona de la Chaquira:






Zona de San Agustín:




                                         








Fuente de Lavapatas en la zona de San Agustín:
 Fondo de la fuente de Lavapatas. Nosotros vemos una calavera tallada en ese fondo aunque, sorprendentemente, en la información no se comenta nada.

Fuente de Lavapatas


Alto de Lavapatas, también en la zona de San Agustín:



Bosque de las estatuas (Zona de San Agustín)





Ver vídeo de la zona arqueológica de San Agustín