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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Arrancamos hacia el Chaco paraguayo



Solucionados los últimos problemas arrancamos desde Asunción hacia el Chaco.
Dos jornadas de un calor insoportable nos sitúan en las colonias menonitas de Loma Plata y Filadelfia que, en un primer momento nos resultan un poco decepcionantes,  al no encontrar, como nos habían hecho creer, a los miembros de dicha congregación por las calles en carretas y con la que fuera su forma tradicional y especial de vestir.
Tras informarnos con más detalle, la realidad parece que deja claro que se han ido adaptando en mayor o menor medida al uso de las posibilidades tecnológicas actuales, aunque en pequeñas comunidades aun sigue siendo posible encontrar esa forma de vida.
Instalamos nuestro campamento en Filadelfia, en un bosquecillo con buena sombra  (el calor seguía siendo terrible) en el centro de la ciudad, que presenta una estructura muy particular, con calles anchísimas y en muchos casos sin asfaltar, lo que proporciona un ambiente saturado de polvo.
Al lado de nuestro campamento se encontraban los muy cuidados museos gratuitos en los que se explica el origen y la razón de ser del las colonias, todo explicado en español y alemán, lengua que se continúa hablando comúnmente.
Un resumen de su historia:
Filadelfia (Fernheim en alemán, algo así como el hogar lejano) se funda en 1.930 como resultado de la persecución a la que se  vieron sometidos por la única iglesia aceptada en sus orígenes en el siglo XVI, que movió a los menonitas (seguidores de la fe propuesta por Menno Simons) a emigrar a Prusia y más tarde a Rusia. Iniciada la revolución bolchevique, que prohibía la libertad de culto y la propiedad privada, se ven en la necesidad de emigrar de nuevo.  En la búsqueda de una nueva patria, algunos se instalan en Canadá, otros en Brasil  una parte elige Paraguay a donde llegan tras un viaje, que en algunos casos los hace ir de Rusia a  China y desde allí atravesando Asia y el canal de Suez, llegar a Francia. Cruzando este último país en ferrocarril para embarcar en Le Havre con destino en Buenos Aires, desde donde les espera un durísimo viaje en barco por el río Paraguay, seguido de un nuevo recorrido en ferrocarril y en carretas de bueyes. Una ley especial les garantizaba libertad de culto y de uso del idioma alemán y la exoneración del servicio militar al ser objetores del uso de armas, la violencia y de la prestación de juramento. En contrapartida Paraguay esperaba el desarrollo del, hasta ese momento poco o nada poblado, Chaco, salvo por comunidades indígenas muy desconocidas que, pasado el tiempo, entran en una relación amistosa con los menonitas.
Hoy Fernheim es una comunidad de 4.230 menonitas de las 15.000  personas de ascendencia alemana asentados en las varias colonias de los cuales el 90% tiene ciudadanía paraguaya.
De nuevo en marcha, hicimos una escala en una estancia regentada por una familia suiza en donde lavamos la ropa, cargamos agua y nos relajamos en la piscina antes de cenar un delicioso chancho asado al que fuimos invitados por los propietarios.
Con todo aprovisionado (combustible, agua, víveres, etc.) y con la información meteorológica favorable tomamos la ruta sin asfaltar que atraviesa el chaco y que no es transitable en caso de lluvia a causa del tipo de tierra que al mojarse es impresionantemente deslizante.
Hicimos alto poco antes de que oscureciera en un rincón de la pista, poniendo todas las precauciones para el caso de lluvia, eligiendo incluso un lugar en el que había un gran árbol (un quebracho blanco) al otro lado de la carreta al que fijar el cabrestante si al salir hubiera algún problema, pues, a pesar del pronóstico, escuchamos algunos truenos. No llovió y muy temprano por la mañana retomamos el camino.
Pocos kilómetros después un camión cisterna que debía salir del camino para entregar combustible en una de las haciendas, no podía hacerlo a causa del barrizal que había en la entrada, por lo que otros tres camiones estaban parados detrás de él al resultar muy peligroso rebasarlo ante el riesgo de resbalar a la cuneta. No obstante, todos los conductores arrimaron sus camiones todo lo posible al lado derecho y nosotros con la tracción 4x4 y bastante miedo conseguimos rebasarlos para continuar nuestro camino.
Poco después de comer llegamos al destacamento militar (llamado 4 de Mayo) que custodia  el cruce hacia el Parque Nacional Defensores del Chaco, en donde constatamos que ninguno de los dos grandes objetivos que nos habían llevado a cruzar el Chaco, se iba a poder cumplir.
Aunque no había impedimento administrativo para cruzar la frontera con Bolivia, la falta de información que teníamos sobre el lado boliviano junto al comentario del sargento al mando del destacamento de que nunca se había visto pasar un camión por allí nos hizo desistir de hacer los últimos cien kilómetros.
El otro objetivo, era la visita del parque y lo que explicamos a continuación raya lo surrealista.
Hace cinco meses un austriaco con un camión similar al nuestro llegó al mirador de Cerro León y aparcó el vehículo para hacer una visita y, a día de hoy, no se ha vuelto a saber de él. Las especulaciones sobre lo que pudo suceder son muy variadas, aunque van desde lo realmente surrealista como es la teórica existencia de una tribu, los Ayoreo, que es abiertamente belicosa, hasta la más aceptada que es el ataque de uno de los muy abundantes jaguares, pumas y serpientes peligrosas que pueblan el parque.
Hay que sumar a esto, el hecho de que en la casa del guarda no hay nadie y, a la vista de lo comentado, alejarse del camión por poco que fuera, era una imprudencia.
Ante todo lo comentado a  lo que hay que añadir un cambio en el parte meteorológico , con lluvias en menos de veinticuatro horas, decidimos pasar la noche en las proximidades del cuartel del destacamento y dar por buena nuestra vista al Chaco con el recorrido de ida y el de vuelta por un camino diferente en parte.
Se trata de un terreno que recuerda un poco el Sahel africano y es muy interesante. Lástima que no esté algo más acondicionado.

El calor  nos obligó a cocinar fuera a pesar del las dificultades.


Imágenes del museo de la historia mennonita en Filadelfia






                             El árbol es un Samu'u. Muy común en el Chaco

Un pecarí de collar






Atardecer en el camino a través del Chaco. La posición del camión enfrentado al árbol del otro lado de la carretera no es casual. En caso de lluvia hubiera sido necesario sacarlo atando el winch a él.



Ver el vídeo a través del Chaco paraguayo



viernes, 7 de septiembre de 2018

Accidentado final del recorrido por Argentina y entrada en Paraguay


A partir de Esteros del Iberá, una sucesión de problemas nos hace acumular un retraso sobre las fechas previstas y, aunque esto no representa un problema, es cierto que todo lo peleado para resolver los problemas que se han presentado nos ha tenido un tanto bajos de moral durante bastantes días.
El más grave de estos inconvenientes fue una avería importante en la bomba de inyección del camión, que dado que por estas tierras la marca Man es desconocida prácticamente, la solución de las averías se convierte en un problema importante.
Afortunadamente  ya está resuelto y, a partir de la ciudad argentina de Gobernador Virasoro, en donde hemos estado reparando la avería, hemos rodado hacia Corrientes, Resistencia y el Parque Nacional Río Pilcomayo en donde tres días nos han permitido visitar el parque y la laguna Blanca, además de reorganizarnos y recuperar el tono del viaje.
Terminada la visita y salvado el trámite de la frontera entre Argentina y Paraguay, llegamos a Asunción para hacer una vista de la ciudad y sus alrededores y sobretodo, recabar información sobre las pistas del Chaco que pretendemos recorrer con dirección a Bolivia.
Sin embargo, la información es escasa y para hacerse una idea de cómo funciona el país, no hemos podido encontrar en ninguna librería un mapa de carreteras ni bueno ni malo, y únicamente en el Touring Club nos han vendido uno de la zona mencionada, pero que no parece tener mucha información.
Lo que si hemos comprobado es que en cuanto caen dos gotas de lluvia no se puede poner una sola rueda fuera del asfalto a riesgo de ver como la tierra se traga el camión como si hubiera caído en un tazón de chocolate. Ya lo hemos sufrido y esperamos que no se repita.


Armadillo en P.N. Río Pilcomayo



Curioso efecto del las semillas en las vainas abiertas

                                                                         









Pintoresco desplazamiento en "La Frutillita" (La fresita), nombre que recibe el destartalado microbús que tomamos para ir desde el lago Ypacaraí hasta Areguá


 Placa en la fachada de la catedral de Asunción