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sábado, 13 de junio de 2015

Salvador de Bahía

Desde el camping contratamos los servicios de un taxista para todo el día y en un coche nuevo con aire acondicionado hicimos un buen tour de toda la ciudad.
Visitamos iglesias, fuertes y sobre todo el barrio de Pelouriño que nos gustó mucho.
Está aceptablemente cuidado y extremadamente vigilado para evitar los atracos por los que es tristemente famoso.
Comimos en una terraza en el mismo barrio, visitamos un mercado de artesanía en el que había poco más o menos lo mismo que en los mercados de artesanía de todo el mundo y dimos un paseo por el faro con la noche ya cayendo.
Nos causó una agradable sensación si nos abstraemos de la suciedad y deterioro de los barrios más marginales.
Desde Salvador nos desplazamos hasta Praia do Forte a donde llegamos hacia mediodía con la idea de visitar las instalaciones del Proyecto Tamar. Una institución dedicada a preservar varias especies de tortugas marinas que acuden a las playas de la zona a desovar.
Con el argumento de “son muy grandes” y como era domingo no nos permitieron entrar con los camiones, por lo que buscamos algún sitio en el que pudiéramos pasar la tarde y noche para intentarlo el lunes por la mañana.
No tuvimos problemas para entrar al día siguiente y encontramos un buen sitio con sombra muy cerca de la playa y de las instalaciones de conservación de las  tortugas a las que realizamos una interesante visita y muchas fotografías. Comimos en un restaurante “a quilo”, es decir una especie de self-service en el que tu vas cogiendo lo que quieras comer, te lo pesan y anotan el peso en un papel. Al final pagas lo que hayas comido a un precio realmente bueno. En torno a 8 ó 10 € el kilo, al que generalmente no se llega por persona.
Decidimos pasar allí mismo la noche y al día siguiente rodamos algunos kilómetros hasta un lugar llamado Praia do Saco en donde nos instalamos al borde mismo de un río que desembocaba en el mar justo delante de nosotros, en un paisaje de gran belleza
Arrancamos con intención de abandonar la costa para visitar los Cañones del Río San Francisco, pero  por varias razones decidimos quedarnos en una playa de Aracajú de la que tuvimos que marchar  al atardecer por consejo de varias personas que pasaron por allí y que nos aseguraron que era peligroso pasar allí la noche debido a las bandas que parecen muy habituales por la zona. En vista de eso pedimos permiso a la policía y estacionamos los camiones al lado de la comisaría.
Desde allí nos paseamos por el paseo marítimo y asistimos a la inauguración de un monumento con música, bailes típicos e incluso degustación de alguna de las delicias locales.
Pronto, por la mañana estábamos en ruta hacia Piranhas, el pueblo que nos habían recomendado cerca de los cañones del Río San Francisco.
A media tarde llegábamos a la zona, pero en lugar de dirigirnos al pueblo fuimos a estacionar al embarcadero desde el que zarpan los catamaranes que hacen el recorrido por los cañones. Una tranquila noche que precedió al agradable recorrido por el río San Francisco hasta una zona que está acotada para bañarse y en la que los barcos esperan una hora para que los turistas se den un baño. Todo muy preparado pero agradable. Aún pasamos otra noche allí cerca  antes de llegar al pueblo de Piranhas.

Una bonita población a la orilla del río con todo el caserío construido en las empinadas laderas de un valle. Es famosa por haber sido el lugar de fechorías de una pareja de bandoleros que lideraron un grupo armado llamado “Os Cangaceiros” y que finalmente fueron atrapados (muertos) allí cerca. Teníamos información de que en el pueblo se comía Piraña y en efecto en un restaurante pudimos probar este pescado con tan mala fama. Es sabroso, pero tiene poco provecho y muchas espinas. Sin embargo deja un buen sabor pensar que en esta ocasión nosotros nos las comimos a ellas.



























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