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viernes, 24 de enero de 2014

14.- Desde Fiambalá hasta Copiapó.El paso de San Francisco. La etapa del Dakar 2014 que no pudimos ver


Desde Fiambalá afrontamos la subida del Paso de San Francisco a 4.748 metros con el añadido de tener que permanecer durante casi 4 horas por encima de los 4.500. Precioso recorrido rodeado de volcanes, algunos activos y bordeando de lagos con un color irreal.
Y por fin llegamos a Copiapó en donde utilizamos el resto del día en compras y pequeñas reparaciones para, ya entrada la noche ir a dormir al lado del denominado camino Japonés que es una pista entre dunas impresionantes que partiendo de Copiapó llega a Caldera en la costa y cuyo recorrido corta en varios puntos la trayectoria del Rallye. Por la mañana nos divertimos en una enorme duna que intentamos subir sin conseguirlo por poco y  nos acercamos a Caldera, un pequeño puerto pesquero para comer.
A unos cinco kilómetros está Bahía Inglesa que es una playa situada en una bahía con un pueblo de vacaciones y allí pasamos la noche.
Nuevo paso de aprovisionamiento por Copiapó y por la tarde búsqueda del campamento que una cuadrilla de amigos de René había montado a la espera del paso de la carrera. Fue muy agradable pasar la noche en su compañía. Prepararon (cómo no) asado, al que fuimos invitados y me gustaría mencionar la simpatía de todos ellos y la acogida que nos dispensaron.
En la mañana siguiente teníamos que realizar un corto desplazamiento por las dunas para aproximarnos a la trazada de la carrera y fue en ese trayecto en donde todo cambió para nosotros. En un paso estrecho entre dos dunas el terreno cedió bajo las ruedas del costado derecho del camión y volcamos.
Fue una caída lenta y únicamente de un cuarto de vuelta, pero el sitio en el que quedó era extremadamente complicado para el acceso de cualquier vehículo de rescate.
La buena noticia: Ni Pilar ni yo sufrimos daños dignos de mención.
La mala noticia: el camión estuvo en esa postura hasta las tres de la madrugada cuando una excavadora de orugas consiguió hacer un plano en la arena y ponerlo derecho.
El panorama en el interior era desolador. Todo se había revuelto, las baterías habían tirado ácido y el desastre nos hizo pensar que nuestra aventura se había acabado allí.
Sin embargo, algunos días después cuando escribimos esto, podemos decir que el camión no sufrió daño mecánico alguno y que los desperfectos de la caja están corregidos los más importantes y en vías de solución los menores, por lo que hemos decidido continuar aunque seguramente adelantaremos la fecha del primer retorno a casa.
No será, sin embargo, inmediatamente ya que hemos pensado, que de volver ahora, lo haríamos con un mal regusto y hemos decidido continuar el viaje según lo previsto por Atacama y Bolivia a fin de que el retorno se haga con los buenos recuerdos de estas visitas. Esa es nuestra decisión tras haberlo hablado y meditado juntos durante bastantes horas, sopesando  pros y contras.
¡Quédese en anécdota el incidente a la vista de que sus consecuencias no fueron tan desastrosas como parecieron en un primer momento!
Hay que seguir y lo vamos a hacer. Las horas amargas van quedando atrás poco a poco.
Quiero insistir: Nosotros estamos físicamente tan bien o tan mal como antes de volcar y aunque el recuerdo de la pesadilla está aún presente queremos seguir nuestra aventura.

Dos cosas dignas de mención: el apoyo y ayuda de nuestros amigos Jean Yves, Annie, René y Karen así como de todos los que habíamos conocido en el campamento que se volcaron en nuestra ayuda y la entereza y espíritu aventurero de Pilar sin cuyo apoyo las cosas hubieran sido mucho más difíciles.

 

    
   
 Algunas imágenes del Paso de San Francisco


Por las dunas de Copiapó antes del desastre.

Un pelícano arponeando peces.

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