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jueves, 6 de marzo de 2014

20.- Desde Copacabana hasta Cuzco. Entrando en Perú


Después de una agradable estancia en Copacabana y ya con ganas de perder de vista los problemas de carreteras y combustible de pésima calidad de Bolivia iniciamos la jornada con el paso de la frontera que resultó sencillo y razonablemente rápido. Con un alto para comer, a primera hora de la tarde entrábamos en Puno en donde un repostaje de combustible en una estación de servicio con pinta de estación de servicio, que aceptaba Visa y en la que regalaban botellas de agua, refrescos y ¡papel higiénico! fue agradecido de inmediato por nuestro camión, que comenzó a dar síntomas de mejoría
Sin problemas encontramos el hotel Posada del Inca que nos habían recomendado unos colegas alemanes en La Paz. Muy agradable y con una bonita pradera a orillas del Titicaca aunque algo caro.
En la mañana del día siguiente salimos con la intención de sacar algo de dinero y hacer la excursión en barco hasta las islas flotantes de los Uro. La operación de obtener dinero en los cajeros se presentó imposible. Con nuestras tarjetas no funcionó ninguno. Como teníamos muy poco dinero, intentamos pagar la excursión con la misma tarjeta y tras algunos intentos infructuosos supimos del dueño de un restaurante situado en la bonita Plaza de Armas que organizaba las excursiones y cobraba con tarjeta. Allí nos dirigimos, la Visa funcionó y reservamos dos plazas para las cinco de la tarde. Mientras, paseando por Puno, comenzamos a ver mucho movimiento de personas ataviadas con los trajes típicos, muchos militares, música, etc.
Supimos que se trataba de una fiesta previa al carnaval que incluía un homenaje a la bandera y pasamos la mañana muy entretenidos observando en primera fila todo el festejo. Comimos en el restaurante de la persona que nos organizó el tour, comida regional, muy barato y bueno, mientras esperábamos el bus que nos llevaría la puerto.
Tras algunas vueltas a la cabeza decidimos probar con otra de las tarjetas que llevábamos para lo que teníamos que averiguar el PIN. Una llamada a Esther en España nos facilitó las cosas para obtener ese PIN y en unos minutos ya teníamos dinero. ¡Genial! porque el problema era bastante grave.
Aproximadamente a la hora convenida nos recogió el bus, embarcamos y en 20 minutos llegábamos a la primera de las dos islas flotantes que íbamos a visitar de las 75 que actualmente existen y que albergan a unas dos mil personas. Los Uro, que es la etnia que las habita, decidieron irse a vivir al lago, primero sobre embarcaciones y luego construyendo las islas flotantes, para librarse del dominio que los Aymara ejercían sobre ellos en tierra firme. Viven de lo que pescan y de la totora que es un junco que crece en el lago y que les proporciona el material para construir sus islas, sus casas, sus embarcaciones y como alimento.
Actualmente es el turismo su principal fuente de ingresos y fuimos acogidos de forma muy agradable. Nos explicaron como viven, como pescan, cual es su organización social y como construyen sus embarcaciones a las que llaman totoras como el junco del que están hechas.
Hicimos la travesía entre la primera isla y la del mercado, la otra que íbamos a visitar, en una de esas estéticas piraguas manejada por el jefe de la isla, Aurelio y una mujer, Yolanda, que demostró que estaba bien fuerte.
Al día siguiente después de comer  y de hacer compras en un supermercado tomamos rumbo hacia El Cuzco con un alto en Sillustani para visitar las torres funerarias preincaicas. Un curioso yacimiento arqueológico bien señalizado que recorrí yo solo ya que, a causa de la pronunciada pendiente y la altura de casi 4.000 metros, Pilar decidió quedarse en el camión.
Pasamos la noche en el altiplano por encima de los 4.000 m. y a 2 grados de temperatura en el exterior y de nuevo en camino tras atravesar un paso a 4.300 m. llegamos a Huaro en donde paramos a comer al lado de una iglesia decorada en su interior con bonitos frescos que visitamos a continuación. Un corto trayecto nos lleva a Andahualillas, que es el pueblo que alberga la que llaman la capilla sixtina del arte indígena. Quizá el apelativo sea algo exagerado, pero el interior pintado es realmente magnífico. Realizamos una detenida visita y de nuevo en marcha para recorrer los escasos 40 km que restaban hasta Cuzco.
La entrada y búsqueda del camping situado al lado de las ruinas de Saqsayhuaman fue un caos.
Indicaciones equivocadas, calles que eran trial puro, una amenaza de tormenta, etc nos hacen decidirnos por parar un taxi que nos guió espléndidamente hasta las ruinas. Después de algunas preguntas conseguimos llegar al terreno de camping y allí situamos nuestro camión para visitar Cuzco y sus alrededores.


Colocando la bandera del Perú al entrar.


Vista de Puno desde el campamento.
                                





                                         Puno en fiestas.









La catedral de Puno.    



Con Yolanda. La simpática Uro que nos dio la bienvenida a su isla. Yolanda y Aurelio reman hacia la isla del mercado.
 Probando el sabor de la totora.


El bonito acabado de una Totora.


 Sillustani. Estas construcciones son monumentos funerarios.


Realmente muy bonitos esta especie de ranchos en los alrededores de Sillustani.



La iglesia de Huaro.                                                                                         Portada de la iglesia de Andahuailillas.


Gracias al pueblo y las autoridades de Puno por este inesperado recibimiento:






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