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domingo, 24 de mayo de 2015

Estado de Minas Gerais: Tiradentes y Ouro Preto

En torno a 1823 se encontraron cerca de Vila Rica (actualmente Ouro Preto) unas piedras negras que resultaron contener gran riqueza de oro lo que desató una fiebre con la consiguiente explotación de esclavos y la posterior rebelión contra los abusivos impuestos por parte de la corona portuguesa.
En 1788 Joaquim José da Silva, conocido como Tiradentes por su profesión de sacamuelas y un grupo de personas de Ouro Presto decidieron alzarse contra Portugal. El grupo, conocido como Os Confidentes fracasó en su intento a causa de una traición y la mayoría fue deportada a cambio de su vida. No así Tiradentes que fue ahorcado y descuartizado en Río y hoy es un héroe nacional.
Muy temprano salimos de Río intentando evitar el tráfico más intenso y sin grandes dificultades en un tiempo record rodábamos por una aceptable autovía hacia el estado de Minas Gerais. Nuestro primer objetivo era la ciudad de Tiradentes a donde llegamos prácticamente de noche instalándonos en un camping muy agradable, propiedad de una atenta familia. La señora de la casa preparó en algo más de una hora una extraordinaria cena dándonos un primer adelanto de las excelencias de la reputada cocina “mineira.”
Por la mañana  visitamos la ciudad que constituye un conjunto colonial en muy buen estado de conservación. Nuevamente una excelente comida y en ruta con destino en Ouro Preto a donde llegamos con la noche ya bien entrada instalándonos también en un camping próximo a la ciudad.
Por la mañana un taxi nos acercó a la plaza Tiradentes, corazón de la ciudad, incluida desde 1981 en la lista del Patrimonio de la Humanidad.
No es de extrañar. Es una auténtica joya colonial lo que comenzábamos a visitar.
La visita es incómoda debido a las impresionantes pendientes de sus calles que te ves obligado a subir y bajar una y otra vez durante el recorrido, pero que, sin embargo,  se hace casi sin sentir  gracias a que la belleza de todo lo que te rodea en cada momento te mantiene absorto.
En mi caso, las expectativas eran altas debido a un artículo aparecido hace ya muchos años en National Geographic que desde entonces  alienta la ilusión por visitarla. No me ha defraudado en absoluto, más bien diría que la realidad ha superado las expectativas.
En una jornada y media atravesando inmensos cafetales estábamos de nuevo en la costa a la altura de Vitória.































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