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miércoles, 13 de mayo de 2015

Hasta Río de Janeiro

Desde Florianópolis un largo recorrido por la costa, la mayoría de las veces con dificultades para acampar e incluso para detenernos a comer debido a la brutal urbanización del terreno costero mayoritariamente propiedad privada, nos permite ir conociendo pueblos y playas.
Todo el litoral es de gran belleza y algunos de los pueblos, los menos influidos por  la invasión de veraneantes también tienen un encanto.
Garopaba en donde por fin pudimos comprar pescado fresco, Sao Francisco do Sul, Peruibe, Bertioga, Sao Sebastiao y Paraty fueron los lugares de fin de las etapas.
Muy agradable la etapa de Sao Sebastiao, un bonito lugar con un importante puerto petrolero muy cuidado, en el que pasamos la noche en un parque a la orilla del mar con la Ilhabela enfrente y en donde repostamos agua en el cuartelillo de la ”Guarda Civil Municipal”.
Mención especial para Paraty, un cuidado pueblo colonial que nos brindó la oportunidad de una visita nocturna entre chaparrón y chaparrón.
Desde allí, en una larga jornada llegamos a Río de Janeiro.
La llegada se desarrolló más o menos bien hasta que al encontrar las múltiples obras que se están realizando en la ciudad para preparar las olimpiadas empezamos a tener que desviarnos de la ruta que trazaba nuestro GPS. Teníamos nuestro objetivo en un club náutico llamado Marina da Gloria, muy bien situado y del que teníamos referencias de otros overlanders como posible campamento.
A poca distancia de la llegada, el GPS nos mete en una autopista en la que con un gran susto para René y una gran preocupación para nosotros encontramos cinco pasarelas con altura limitada a 3,85 metros sin aviso previo y sin solución de salida. René se encuentra la primera de repente (ya había caído la noche) y, milagrosamente, pasa por debajo sin tiempo a frenar del todo.
Las pasarelas son de forma elíptica, por lo que su máxima altura está  en el carril central de cuatro y, rebasados por tráfico a más de 100 km/h por ambos lados, en el centro de la autopista con las luces de emergencia encendidas y Pilar unos metros más adelante dirigiendo la maniobra con un talky, pasamos bajo las pasarelas con un margen de 5 cm en la más ajustada.
De nuevo debido a las obras, no fue posible acampara en la Marina da Gloria y, aunque gentilmente (pagando) nos dejaron pasar esa noche, por la mañana fue necesario volver a pasar alguno de los puentes hasta un parking cercano que permite a cambio de un precio abusivo estacionar y pernoctar en los vehículos.











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